Equinos: sanidad y generación de empleo

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Las especies animales más cercanas al hombre e importantes para él por distintos motivos, incluyendo ser una fuente de proteína, tienen algunas enfermedades que son sus enemigas proverbiales, y fatales. A las gallinas las atacan varias epidemias, entre estas el moquillo; al ganado le da brucelosis, y antes le daba aftosa, que podía inutilizar una ganadería completa. Mencionamos la aftosa en el pasado porque esperamos no verla más en Colombia, ahora que el país está libre de la enfermedad mediante vacunación. Y porque es un ejemplo de lo que se puede lograr con disciplina, como la demostrada por los ganaderos al vacunar durante años, y por sus gremios al impulsar estas campañas de salud bovina, puesta en riesgo de cuando en cuando por los traficantes de ganado y por uno que otro ganadero irresponsable. Hay un renglón pecuario del que se tienen pocas estadísticas conocidas, pero que ha crecido de manera exponencial en Colombia: el equino, que también tiene sus enfermedades y dolencias típicas (y letales), como los cólicos, la peste loca (encefalitis equina) y una muy temible, la anemia infecciosa. Cualquiera de estas es capaz de matar caballos, mulares y asnales en un santiamén. Llama la atención que aunque hay estimativos de la población equina en las regiones del país, no se haya hecho un censo más detallado, como correspondería a una industria que se ha democratizado con el descenso de los precios de los equinos a niveles más razonables, de manera tal que lo que antes era el privilegio de muy pocos, ahora se ha hecho mucho más común. Los pueblos de los alrededores de Cartagena están llenos de caballos alojados en pesebreras, la mayoría muy modestas, pero que generan mucho más empleo –proporcionalmente hablando- que una ganadería bovina típica. Este es uno de los mayores méritos de la actividad. Un par de hombres pueden atender 500 novillos en una ganadería comercial, lo que implica revisarlos y curar algunos con distintas dolencias. En una lechería se considera que un hombre puede ordeñar 20 vacas todos los días, por lo que una finca de 100 animales en ordeño apenas tendrá cinco trabajadores dedicados a esta labor. Pero para atender una pesebrera de apenas 10 caballos, se necesitan dos hombres y a veces tres, si se incluye al chalán, o montador. Ahora se abre la temporada de vacunación de equinos, mulares y asnales contra la encefalitis, uno de cuyos síntomas es que los afectados giran en círculos, como si estuvieran locos, y de ahí su otro nombre mencionado arriba: peste loca. El ciclo concluye el 30 de septiembre, y debería ser aprovechado por el ICA –con la ayuda de las asociaciones equinas- no sólo para vacunar, sino para recoger muchos más datos útiles acerca de la actividad: promedio de equinos, mulares y asnales por predio; cuántos empleados los atienden; y cuánto gastan en concentrado, herraduras, drogas veterinarias, servicios médicos, etc. La industria equina con seguridad contribuye mucho más al empleo rural de lo que se cree, y merece conocerse más a fondo.

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