Espacio ‘público’ en el Centro

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Los activos turísticos fuertes de Cartagena de Indias son sus monumentos y su Centro Histórico, y todo lo demás es accesorio.
Sus playas son de las más mediocres del Caribe, construidas por los sedimentos grisáceos del Río Magdalena, que cada día expele mayor cantidad de lodos dada la deforestación del país y de que 85% de la población colombiana vive en su cuenca.

El río es la cloaca de Colombia, realidad que es indispensable cambiar y que nos afecta a todos los colombianos, particularmente los que vivimos al sur de Bocas de Ceniza, a donde la mayoría de estos desechos van a parar llevados por la deriva litoral predominante, que es de norte a sur.

Bolívar y Cartagena, ayudados por Mincomercio, intentan ahora fortalecer diversos tipos de turismo, como el de naturaleza, que tiene como plato fuerte el avistamiento de aves, pero para que sea de verdad productivo debe hacerse con profesionalismo, y no solo con la ‘bacanería’ del litoral, que sola no alcanza en este y en otros casos que requieren disciplina y preparación.

El turismo gastronómico es otro renglón importante para el país, y es fuerte en la ciudad, dada la calidad y cantidad de restaurantes que tenemos, pero estos no se pueden mantener de aire ni de folletos, sino de la realidad, como le ocurre a todos los demás renglones del turismo, incluida muy especialmente la hotelería.

Cartagena, o al menos su sector turístico privado, intenta atraer un turismo de alto perfil, es decir adinerado, para cambiar cantidad por calidad y desgastar menos la ciudad, y que a la vez deje más dinero en Cartagena, lo que implica más empleos formales en hoteles, restaurantes y demás eslabones de la cadena.

Pero si se apela a un turismo de ese tipo, la calidad de los servicios hoteleros, gastronómicos y demás no pueden existir en una isla ni en el vacío, sino que tienen que tener un entorno correspondiente, que en el caso de Cartagena, es embrujador por su Centro Histórico, sus murallas y sus fortificaciones.

Como mencionamos ya, este es el imán de la ciudad, y por lo mismo, es la condición indispensable para el turismo, por lo que el Centro se puede asimilar a la caja registradora de la ciudad. Pero esta caja no solo está abandonada, sino que parece que hubiese una política en esta administración de ‘dejar hacer y dejar pasar’ con respecto a la invasión del espacio público porque se agrava todos los días de forma alarmante y no pasa nada distinto a eso: todo empeora.

Defender las ventas informales es populismo puro porque destruirá los empleos formales, mayoritarios y más importantes en ingresos para la gente. Incrementar los empleos formales es la única política sensata de ciudad. Al paso que vamos, pronto poca gente querrá venir al Centro invadido de Cartagena. El turismo, construido con tanto esmero durante años, se desplomará y entonces no habrá trabajo formal ni informal. Hacia allá vamos aceleradamente. 

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