Esperanzas aplazadas

13 de enero de 2020 12:00 AM

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Si no fuera porque detrás hay una estela de dolor, hambre, éxodo y frustración, las imágenes de Juan Guaidó intentando entrar a la sede de la Asamblea Nacional de Venezuela mientras un grupo de mañosos agentes de seguridad procuran impedírselo, serían perfectas para un tragicómico melodrama; aunque también cabe proponerlo como una muestra vergonzosa del subdesarrollo tropical en su más pírrica expresión.

¿Quién puede respetar al gobierno de Maduro después de semejante estrategia grosera? Obviamente, sólo los que esperan recibir la riqueza que aún le queda al país vecino después de la expoliación a la que han sido sometidos sus recursos petroleros y el tesoro acumulado, incluyendo las reservas de oro y dólares.

Cualquier nación que se precie de ser democrática, cuyos gobernantes aspiren a no ser revocados por fuerzas antidemocráticas, tendría que haber expresado su rechazo a los intentos del dictador venezolano por impedir la reelección de Guaidó como presidente de la Asamblea. Pero no son pocos los países a los que conviene, por razones de lucro y geopolíticas, que continúe la tiranía en el poder.

Ha hecho bien el Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela en afirmar que la elección del diputado Luis Parra como presidente de la Asamblea no es legítima ni democrática. El haberles obstaculizado a diputados entrar en el hemiciclo a ejercer el derecho al voto y a blandir sus responsabilidades constitucionales, cuando se eligió a Parra, es tan grave como si a uno solo de los diputados se le hubiese negado esa potestad. ¿En qué lugar decente del mundo occidental un agente de seguridad le impide a un parlamentario ingresar al recinto de reuniones asignado por el Estado, sin que haya consecuencias judiciales?

Ya desde antes pintaba muy mal el camino para los diputados de la oposición, dada la entidad de los actos sucesivos de intimidación contra los miembros de la Asamblea Nacional.

Lo más triste es que no hay medida que lleve al ejército venezolano a quitarle el respaldo a Maduro. Aunque a las ya existentes, ahora se anuncian otras sanciones por el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, con un perfil más específico contra personas del alto gobierno, no es mucho lo que se puede lograr para debilitar aún más a Maduro, mientras acreedores de la talla de China o Rusia necesiten a ese régimen para el pago de lo debido.

Aun cuando Guaidó logró finalmente jurar el martes como presidente encargado de Venezuela después de ser reelegido jefe parlamentario con una votación suficiente de diputados, su papel cada día se desdibuja más ante la falta de recursos, apoyo de base popular y respaldo internacional, con lo cual las esperanzas de liberar al pueblo del yugo destructor de Maduro y sus secuaces se desvanecen con el paso del tiempo.

Como ningún intento diplomático ha surtido efecto, y no es correcto promover, respaldar o apoyar una salida bélica internacional, debemos prepararnos como nación para la crecida de la ola de migrantes que preferirán probar suerte en nuestro suelo que en confrontar el oprobioso régimen que los abusa y desprecia.

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