Editorial


Hacia la tercera ola

“Ante el giro ascendente de los casos de nuevos contagios, no queda más remedio que comenzar a implementar medidas que ya han probado ser exitosas (...)”.

EL UNIVERSAL

08 de abril de 2021 12:00 AM

Tal como se pronosticó desde principios de año, vamos hacia una tercera ola que resultaba inevitable. Del tercer pico no se han salvado en nuestro hemisferio ni países con pueblos probadamente disciplinados. No es fácil que en naciones democráticas la población permanezca en aislamiento voluntario el tiempo necesario para la disminución radical de la propagación del virus. Esto solo es posible bajo regímenes autoritarios, en los que el Estado se impone sobre la autonomía de la voluntad individual, o en aquellos que, siendo repúblicas o monarquías parlamentarias, tienen como características que son o grandes islas o estados confederados que permiten decisiones autonómicas, según las cuales las provincias pueden optar por medidas más draconianas que sus pares.

En nuestro país, el Gobierno central optó por dejar en manos de los gobernantes locales decisiones relativas a medidas singulares de aislamiento, trabajo y movilidad en medio de la emergencia sanitaria que estamos padeciendo, bajo el supuesto de que cada región tiene sus características propias, razón por la cual los alcaldes tendrían a su cargo la modulación de esas medidas conforme con el comportamiento de la peste en sus respectivas jurisdicciones, y las indicaciones generales del Minsalud.

El alcalde de Cartagena, ante el buen comportamiento de la comunidad, la baja propagación del virus y la alta disponibilidad de camas UCI; pero, también, frente a la agudización de la crisis económica, el abultado cierre o la insolvencia de empresas y el desempleo, optó por morigerar las medidas, lo cual ha contribuido a una recuperación del dinamismo empresarial, la alternancia escolar y algo de sanidad mental singularmente entre los niños, adolescentes y jóvenes, lo que se ha visto reforzado con la provechosa campaña de vacunación, que ha aliviado en parte las angustias padecidas por abuelos y adultos mayores que no lo son.

Como el rumbo que tomó el país para combatir el COVID-19 fue el de esa combinación de estrategias y la relativa autonomía en los entes territoriales, ante el giro ascendente de los casos de nuevos contagios, no queda más remedio que comenzar a implementar medidas que ya han probado ser exitosas y estar abiertos a nuevas formas inteligentes para seguir librando esta lucha colectiva contra el patógeno implacable.

Es altamente probable que estemos cerca de enfrentar unas semanas difíciles y dolorosas; las variantes que andan rodando por el mundo, que seguramente se moverán entre nosotros, son altamente contagiosas, y han llevado a miles de nuevos infectados o a una recuperación tortuosa o a la muerte. Pero lo que más preocupa es la alta incidencia en los jóvenes, quienes ya comienzan a desplazar, en otros países, a los de más edad en las camas hospitalarias. Hay que evitar al máximo que esos cuadros dantescos se reproduzcan en nuestro suelo.

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