Índices y decisiones

02 de agosto de 2020 12:00 AM

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Después de conocer las nuevas cifras de desempleo del trimestre móvil abril-junio en Cartagena, la sensación de inestabilidad frente a lo que nos depara el mañana merece una mirada más objetiva y pragmática sobre cómo continuar enfrentando las vicisitudes sanitarias de la pandemia y sus consecuencias por la larga cuarentena.

En efecto, la tasa de desocupación de ese periodo cerró en 19,4%, según el Dane. Aún no conocemos las cifras oficiales en relación con el empleo informal, pero no es difícil inferir sobre lo que puede estar pasando si la tasa nacional de desempleo en las 13 ciudades más importantes el incremento fue del impresionante 24,9%; esto es, el doble frente al periodo anterior. Es decir, la reapertura de más sectores en junio no logró mitigar la escalada del aumento de cesantes.

Por fortuna, para Cartagena lo peor, en enfermedades y muertes por el coronavirus, está pasando. A 30 de julio ya hay más recuperados (11.731) que enfermos del virus (2.922); y, de estos, la mayoría está en casa, pues sólo 276 están hospitalizados, lo cual indica que se logró contener la tendencia acelerada de propagación que llevaba el virus en mayo y principios de junio, al punto que el Índice Reproductivo Efectivo (RT), que es el promedio de contagios que una persona infectada puede propagar, se ubica en 1,13, cuando hace pocas semanas estuvo en 3,0, lo que se refleja en que, de las 336 camas UCI que hay en el Distrito, sólo el 55% están ocupadas, poniendo a la ciudad muy por debajo del promedio de las otras ciudades capitales.

A pesar que el Gobierno parece ser consciente de la necesidad de lograr el equilibrio entre mantener un sistema de salud con disponibilidad suficiente de camas y una economía que se vaya recuperando progresivamente de la catástrofe a la que ese virus nos ha llevado, es claro que si no hay nación que pueda sostenerse sin el trabajo y el aumento de la productividad, pues no es factible recaudar impuestos significativos sin la laboriosidad de los ciudadanos -bien como empleados ora como independientes- y sin el quehacer del empresariado una economía en pausa es incompatible con el sostenimiento del estado de bienestar que la República promete a sus gobernados.

Todo lo que el Gobierno está invirtiendo en el sostenimiento de las familias sujetas al aislamiento preventivo obligatorio es producto de los recursos ahorrados o no gastados; del exiguo recaudo de impuestos a sectores que no se cerraron o que se han reabierto; y del endeudamiento. No hay más... salvo que se decida, y ojalá no sea necesario, acudir a la emisión de papel sin respaldo de especies convertibles en valores monetarios.

Es imperioso entonces que haya mayor determinación en permitir la reapertura de más sectores económicos que muestren capacidad de implementación y buen manejo de protocolos de bioseguridad. Es indispensable que se detenga la inercia por la cual la postración económica hará más daño que el COVID-19.

Y eso, sin contar con la pandémica afectación mental y emocional en los miembros de los hogares; pero eso es tema para otro editorial.

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