Interinidad, vuelve y juega

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La ciudad parece tener una maldición que impide que sus alcaldes gobiernen períodos completos. Como bien lo dice Carmelo Dueñas en su columna de hoy en este periódico, Cartagena ha tenido 19 alcaldes en 29 años, y cinco de estos ejercieron en un solo año.

Ahora nuevamente un  alcalde titular es suspendido, en este caso Manolo Duque y esta vez por la  Procuraduría, mientras la entidad de control investiga la caída de un edificio ilegal y mal construido en Blas de Lezo, en el que murieron 22 personas, intentando establecer responsabilidades.

Ojalá que la investigación no se quede solo en lo ocurrido en ese edificio, ya que todo indica que la construcción ilegal y de mala calidad, que está desbordada, prima en algunos sectores de Cartagena desde hace muchos años y sería una gran cosa para la seguridad de sus habitantes y para el erario de la ciudad ponerle fin a estos enclaves de corrupción descarada.

La presidencia de Colombia ayer designó al cartagenero y funcionario cercano al presidente Santos, Sergio Londoño Zurek, politólogo de 31 años de edad, como alcalde encargado hasta que el movimiento Primero la Gente le envíe al presidente Santos una terna de la que debe escoger un alcalde para gobernar mientras dure el impedimento de Duque para ocupar el cargo.

Cualquiera que reemplace a Duque, incluyendo a Londoño Zurek, deberá ejecutar su plan de gobierno, por lo que no se pueden esperar grandes novedades de este encargo ni de cualquier otro mientras haya un periodo atípico en la alcaldía de Cartagena.

Sería por lo mismo importante que siguieran avanzando los proyectos en curso de la alcaldía de Cartagena, entre los que sobresalen el proyecto de drenajes pluviales y la defensa costera entre el deprimido de Crespo y el espolón Iribarren, y que además no se relaje la presión de la Alcaldía, el Concejo, la Gobernación, la Asamblea, los parlamentarios y los gremios para que sean financiadas las obras del Canal del Dique -en concreto las esclusas y obras complementarias- de las cuales depende la viabilidad de Cartagena como puerto marítimo y fluvial. Hay que actuar antes de que el delta del Dique en la bahía interrumpa la entrada y salida de barcos. La pobreza en Cartagena también requiere una gran atención y un gran esfuerzo colectivo, como muestra el estudio de Meisel y Ayala.

Ojalá que esta nueva prueba sea lo menos traumática para Cartagena.

 


 

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