Editorial


La Boya 50, una oportunidad

La Boya 50 –de la que hemos hablado mucho aquí-, está entre el Fuerte del Pastelillo y los muelles de la Flotilla de Submarinos de la Armada. Marca la entrada a la bahía de las Ánimas, en cuyo corazón están el Muelle de la Bodeguita, el del Centro de Convenciones y al frente, el de Todomar.
La Boya 50 indica que se entra a una zona de cero olas, refiriéndose a las que deben producir las embarcaciones de acuerdo al ángulo de su casco con respecto al agua, y éste lo determina la velocidad. A marcha mínima no hay olas, a media marcha son enormes y a toda velocidad son menores, pero las hay, además del peligro de andar rápido en zona de tráfico de embarcaciones de turismo y deportivas particulares.
Otras razones importantes para restringir las olas de las embarcaciones en esa zona son: los monumentos históricos, cuya cimentación erosionan, principalmente el Fuerte del Pastelillo y el Baluarte de San Lorenzo del Reducto (al final de la Calle del Arsenal), además de las instalaciones del Centro de Convenciones. Y en segundo lugar, las marinas, cuyas embarcaciones tiran contra los amarres al agitarlas las olas, dañándose ellas y las instalaciones portuarias del Club de Pesca, Guardacostas del Caribe, Todomar y Muelle de la Bodeguita.
La vida de la bahía necesita olas para algunos procesos en sus orillas, pero solo las que produce la propia naturaleza y no las incesantes de las embarcaciones, que equivalen a miles de tormentas las 24 horas del día y los 365 días del año.
La única norma de la Boya 50 –cero olas- la violan constantemente, como tantas otras que hay en tierra firme.
Los primeros infractores son tempraneros: los transportadores de pasajeros de los pueblos de Tierrabomba, que los bajan en algunos muelles de la Avenida Miramar de Manga y terminan en el Muelle de Los Pegasos.
Su primera parada es aledaña a Marina Santa Cruz, cruzan entre los veleros frente al Club Náutico y se “escabullen” por la orilla con parada en alguna tronera del Fuerte del Pastelillo, y si la omiten, solo bajan la velocidad dentro del área restringida estando bien adentro de ella.
Las segundas infractoras son las lanchas de transporte de turistas, especialmente las fuera de borda de 45 pies, que van a recogerlos al Muelle de la Bodeguita. Como vayan algo tarde, se pasan la norma por la quilla y andan a media marcha, produciendo olas enormes.
Hay otros infractores de todos los pelambres, especialmente las lanchas pequeñas y medianas, porque las más grandes tienden a tener patrones mayores en edad y educación. Y tampoco falta el mal ejemplo ocasional de embarcaciones de la propia Armada.
La norma de la Boya 50 debería cumplirse estrictamente por todas las razones enumeradas, pero también, porque es un sitio para educar a los patrones de las embarcaciones en un área muy fácil de controlar, y la Armada debería verla como una gran oportunidad y no como una tarea estéril.

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