La economía

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De vuelta a la realidad, después de los días de la Semana Mayor, cabe mirar a la economía, máxime en un país donde el debate público normalmente es sobre aspectos ideológicos, que poco cambian la vida de las personas comunes.

Ya se sabe que el Gobierno recibirá menos ingresos de los que necesita para cumplir con el Plan de Desarrollo, no sólo porque el texto final de la reciente reforma tributaria no contempló todas las normas impositivas que habían sido diseñadas para tal propósito, sino que además no hay proyección que pueda funcionar con las crecientes cargas por la atención de la inatajable migración venezolana, que seguramente se agravará con el paso de los días, hasta que sólo queden en Venezuela la clase de ciudadanos que el régimen de Maduro necesita para perpetuarse.

De la misma manera, aun cuando el presidente Duque ha dado la señal de que no cederá a los chantajes parlamentarios para la reedición de los tiempos de la mermelada, no se percibe un claro mensaje de en cuáles ministerios y demás entidades nacionales se reducirán los gastos de funcionamiento.

Para el Gobierno debe ser frustrante haberse desgastado tanto en tan poco tiempo, como ninguno otro en los últimos decenios, por cuenta de la llamada Ley de Financiamiento que finalmente sirvió apenas para recaudar la mitad de los ingresos que necesitaba a fin de darle cumplimiento a las promesas de campaña.

A la vez, quedó demostrada la incapacidad de los gobiernos colombianos de sacar adelante una reforma tributaria integral y, por lo mismo, definitiva, que le dé estabilidad a las reglas del juego tributario en un país donde cientos de inversionistas extranjeros se niegan a traer sus divisas, por la incertidumbre que genera una nación que se da el lujo de cambiar cada dos años sus esquemas tributarios.

De hecho, la reciente flexibilización de la regla fiscal que hizo el Comité Consultivo, es el reconocimiento más evidente que con la tortuosa Ley de Financiamiento no se alcanzó el objetivo de lograr la esperada estabilidad financiera, con lo cual se abre paso a escenarios indeseables desde el punto de vista de la fragilidad de la imagen presidencial, como son la venta de activos y un mayor endeudamiento. No nos imaginamos el calor del debate público por la eventual venta de acciones de Ecopetrol.

Sería preferible entonces pensar en mejorar el recaudo a partir de una lucha frontal contra la evasión de impuestos, así como en el congelamiento o la reducción del gasto, y controles más eficientes para enfrentar la rampante corrupción a todos los niveles. Con razón, los ciudadanos están ‘jartos’ de pagar y pagar cada vez más impuestos, para ver cómo cada vez más y más se roban sus contribuciones por vía de la corrupción y el despilfarro por la falta de planeación o por la incuria estatal.

Si la credibilidad de las finanzas públicas va a depender, según la agencia Moody’s, de mantener una relación de deuda estable, una disminución de los déficits fiscales, un crecimiento en torno al 3,5% y ninguna depreciación brusca de la moneda, es tiempo que el Gobierno vaya mostrando con mayor claridad hacia dónde nos moveremos en los temas económicos.

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