Editorial


La Escollera de la Marina

“Si lo expuesto por el Comité es así, y se ponen en riesgo el BIC y el título de patrimonio de la ciudad, es imperioso que se revisen los diseños de cara a que (...)”.

EL UNIVERSAL

25 de febrero de 2022 12:00 AM

En reciente editorial mencionábamos el absurdo de volver a contar en la ciudad con una obra pública sobre la que se polemiza después de iniciada, a propósito del proyecto de Protección Costera, al que le salieron detractores oficiales ya en plena ejecución.

Esta semana El Universal recibió la visita de miembros del Comité Técnico de Patrimonio y Cultura de Cartagena, quienes recientemente advirtieron sobre la afectación que tendría la escollera submarina cuando se realicen las obras entre el Baluarte de Santo Domingo y el espigón de La Tenaza.

Conforme con sus explicaciones, lo que revelaron en público una vez las obras de Protección Costera se iniciaron, sí lo habían comunicado oportuna y previamente a la administración distrital, al Ministerio de Cultura y otras entidades locales.

En efecto, las observaciones las vienen haciendo desde 2017, cuando advirtieron que el diseño del proyecto debía tener en cuenta la Escollera de la Marina, la cual está calificada como un patrimonio sumergido, construido bajo la dirección de los españoles, que la concluyeron en 1771 como mecanismo de defensa para el casco amurallado, un objetivo equivalente a lo que se quiere lograr hoy con el macroproyecto en ejecución, pero a escala de ciudad, advertencias que constan en acta y documentos a los que El Universal tuvo acceso.

Con semejantes pruebas y advertencias, singularmente frente a la señalada equivocación en cuanto a la ubicación de la escollera submarina, que no está toda adosada a la avenida Santander, sino más hacia mar adentro, el asunto reviste mayor cuidado puesto que, al estar incluida en el listado de Patrimonio y calificada como un Bien de Interés Cultural (BIC) nacional y distrital, habría que adoptar medidas dirigidas a replantear el trayecto trazado para la protección costera, en procura de respetar la zona de influencia mínima permitida por las normas de preservación patrimonial, que correspondería a 100 metros de distancia.

Todo parece indicar que el trayecto en el diseño del actual proyecto contempla la colocación de piedras encima de la Escollera de la Marina. Si lo expuesto por el Comité es así, y se ponen en riesgo el BIC y el título de patrimonio de la ciudad, es imperioso que se revisen los diseños de cara a que, por fortuna, la contratación de las obras frente a La Tenaza aún no se ha iniciado.

De lo ocurrido, obviamente, se espera un pronunciamiento del alcalde; pero al menos ya se pueden tener como lecciones, para que nunca más vuelvan a repetirse absurdos como estos, que el deber de colaboración entre las autoridades impone discutir con la debida antelación las modificaciones que deben hacerse a los diseños de obras públicas antes de la apertura de licitaciones, máxime cuando están dentro de las áreas de influencia del conjunto monumental de la ciudad.

La Universidad de Cartagena, Valorización y Planeación también deben explicaciones.

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