Editorial


La inutilidad de la experiencia

“Por supuesto que lo que ha hecho el Putin no tiene perdón, y cualquier decisión que vaya dirigida a convertirle a él y su gobierno en parias (...)”.

EL UNIVERSAL

26 de febrero de 2022 12:00 AM

Si se quiere tomar algún caso concreto para demostrar que la edad y la experiencia sirven poco cuando se sobreponen los intereses y ambiciones personales o de grupo, la errática y mortal movida de Putin sobre Ucrania es prueba perfecta.

¿Puede haber algo más retro, pasado de moda o cavernario que decidir, sin una causa justa, unilateralmente, invadir una nación libre y soberana, aún a costa del sacrificio de vidas y de la estabilidad de la nación propia? ¿Se espera de un hombre de 69 años obrar con tal obcecación, que pase por encima del daño que le causa a su pueblo y al mundo entero, que no acaba de salir de la pandemia, en medio de una debilidad económica, que acusa a nivel global una afectación directa a millones de familias por causa de la inflación que no se detiene?

Por supuesto que lo que ha hecho el Putin no tiene perdón, y cualquier decisión que vaya dirigida a convertirle a él y su gobierno en parias mundiales será poca. ¿Cómo explicarles a los jóvenes que, por detener el avance de la OTAN en territorios que conformaron alguna vez la URSS, se puede exponer a todo un planeta a semejantes padecimientos e, incluso, a una conflagración que someta a Europa a revivir escenas dantescas que se creían sepultadas?

Pero a Occidente, empezando por su viejo líder, EE. UU., también le cabe una cuota grande de responsabilidad. Los miramientos a Rusia como una potencia venida a menos, el desprecio o desconocimiento por su cultura y sus raíces, la complicidad en la permisión de las ingentes inversiones de megamillonarios rusos en las economías europeas y norteamericanas a sabiendas de sus orígenes non sanctos, y la pasividad frente a las violaciones a los derechos y libertades de periodistas, opositores, líderes sociales y minorías étnicas, no hizo sino alimentar la expansión de un poderío que, aunque sin autoridad moral, ha venido reclamando un nuevo sitial en el escenario mundial.

Brindar ayuda a Ucrania es el bien moral que se impone. La lección debe ser que ninguna nación tiene derecho a doblegar a otra, soberana, por causas históricas que hablan de otros tiempos de grandeza territorial que ya no se justifican. Las alianzas, basadas en el respeto mutuo y en la construcción de sociedades colaborativas, singularmente cuando están atadas, como ocurre con los eslavos, por raíces que comparten orígenes comunes, es lo correcto.

Las duras sanciones anunciadas por Joe Biden, secundadas por sus pares europeos, que pueden ir aún más allá, son la respuesta apropiada a la invasión en curso. Nada puede dolerles más a Putin y sus amigos que desdibujarse económicamente y recibir golpes en la economía de sus propios bolsillos. Pensar en que se recobre el orden a punta de armas y fuego es absurdo. Debe evitarse una nueva guerra en Europa.

Persistencia en la profundización de las medidas sancionatorias es el más conveniente de los caminos.

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