La ligereza

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Si se busca un caso de estudio, actual, sobre cómo la ligereza puede generar división y polarización, bien pudiera tomarse la polémica que desde este martes se generó a partir de un trino del exfutbolista Faustino Asprilla quien, vía Twitter, manifestó su apoyo al expresidente Álvaro Uribe, que fue contestado por el famoso intérprete ‘Tostao’, de Chocquibtown, y por el senador Gustavo Petro.

El popular ‘Tino’ Asprilla expresó que apoyar a Álvaro Uribe “es un acto de responsabilidad social” porque, según él, “fue quien le devolvió la fe y la esperanza a un pueblo que estaba rodeado por la criminalidad (...)”.

Momentos después tuiteó ‘Tostao’, “No jodás Fausto!! Y todos los muertos que puso para hacerte creer a vos qué había esperanza? Esos inocentes qué??”, lo cual recibió una respuesta de Asprilla.

Luego terció el líder de la Colombia Humana, quien trinó: “Faustino, @TinoasprillaH uno de los movimientos que más discriminación ha producido en el pueblo afrocolombiano, después de los esclavistas, es el uribismo. La emancipación del pueblo negro, comienza por dejar de pensar como el blanco esclavista”.

Con esta anotación de Gustavo Petro naturalmente se atizó el debate, pues de una discusión de naturaleza política se pasó a otra de connotación racial, al punto que el “Tino” Asprilla le contestó: “La emancipación de un pueblo es no dejarse esclavizar por las nuevas ideologías del Socialismo de Siglo XXI. Atizar el fuego de racismo por yo ser negro es racista. Yo también pienso, y no como los blancos comunistas”.

Siguieron otros trinos y se sumaron otras personas, lo que no ha hecho sino profundizar aún más la previsible crispación que tenía que causarse cuando, sin que viniera al caso, se mezclaron opiniones políticas con temas raciales.

Lo importante es resaltar la gran responsabilidad que tienen los dirigentes, máxime cuando son cabeza de partidos y movimientos políticos, en medir las consecuencias de sus opiniones, sobre todo cuando tengan el potencial de generar convulsión en la sociedad, como ocurrió en este caso.

La ligereza, ese mal moderno que, en cita de Lipovetsky, es la tendencia dominante en el espíritu de nuestra época, no solo le ha dado cabida a una mayor liberalización a la natural necesidad de expresar los sentimientos, creencias y conceptos personalísimos, sino que, también, ha abierto un caudal de infinitas agresiones cotidianas que inundan las redes con opiniones que destruyen, dañan o lesionan sin medir consecuencias y sin contenciones ninguna, en las que sistemas como Twitter son paradigmáticos.

Si antes, porque no existían instrumentos de conexión global que “inmediatizaran” las opiniones, los líderes tenían tiempo para repensar los mensajes que destinarían al público, ahora, cuando los dirigentes tienen al alcance de la mano redes por las cuales, sin que haya tiempo de razonar, pueden decir lo que piensan sin el necesario tamiz que aconseja la prudencia, el deber de cuidado se hace aún más grave.

Que la gente común trine lo que piensa sin medir consecuencias es ya un peligro; pero que lo hagan los líderes políticos es una irresponsabilidad.

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