Editorial


La mala marinería tiene consecuencias

Las investigaciones de la Capitanía seguramente determinarán en detalle qué pasó, pero es evidente que se necesita una vigilancia más estricta (...)

No es frecuente en Cartagena que una lancha de transporte turístico tenga percances graves, pero tampoco es una rareza, como acaba de pasar con una que venía de Playa Blanca hacia Cartagena y comenzó a hacer agua en las inmediaciones de las playas del hotel Decamerón.

Suponemos que la lancha aún no había pasado Punta Gigante, donde hay olas grandes y seguidas al encontrarse la contracorriente del sur con la corriente del norte, además de la brisa plena que ayuda a encrespar las aguas allí. O quizá fue ese el sitio del percance, dada la fiereza del mar y el posible mal estado y sobrepeso de la lancha.

En la marinería también se cumple el adagio que dice que “tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe”, porque el mar parece que le diera confianza a algunos malos marineros para que abusen, hasta que un día les cobra toda la cuenta junta.

No conocemos en detalle lo que ocurrió con esta lancha, pero en términos generales, no se puede pensar que una embarcación es para atiborrarla de pasajeros como una de las busetas que en buena hora chatarrizarán pronto en Cartagena, solo porque le caben físicamente, dado que una cosa es el espacio aparentemente disponible dentro de una embarcación y otra el peso que puede mover bien en un mar embravecido sin tomar agua por la proa, la popa o los costados. El sobrepeso también ayuda a rajar cualquier casco si la combinación entre este y las olas lo hace dar un golpe lo suficientemente duro.

En la mayor parte del año la marinería abusiva puede salirse con la suya y sobrecargar las embarcaciones sin consecuencias, hasta que el exceso de confianza impulsa a hacerlo en un mar con brisa “amanecida” durante varios días seguidos. Esto solo puede ser obra de un ignorante de las condiciones locales, o de un irresponsable, sobre todo cuando el internet, además de las autoridades locales y nacionales, dan informes meteorológicos bastante acertados.

Los turistas que iban en la lancha hablan de que esta salió del muelle de La Bodeguita, y de allí siempre lo hacen según lo estipula la ley, pero dicen los pasajeros que recogió más clientes en Castillogrande y luego en otra parte, y los salvavidas no alcanzaron.

Las investigaciones de la Capitanía seguramente determinarán en detalle qué pasó, pero es evidente que se necesita una vigilancia más estricta en la propia bahía para impedir que la salida de la Bodeguita sea seguida de otras paradas que terminen en una lancha sobrecargada, o que se sigan usando otros muelles en la bahía para iniciar viajes en naves “turísticas” sin la inspección de rigor.

Los turistas del percance tuvieron suerte de no ahogarse, y también la tuvo la ciudad, pero casos como este no pueden repetirse por ningún motivo.
 

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