La narrativa del Bicentenario

07 de agosto de 2019 12:00 AM

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Frente a la discusión que prestigiosos historiadores costeños han planteado sobre la visión cundiboyacense de la historia de la independencia nacional y las críticas por la narrativa centralista de las celebraciones del Bicentenario, que no resaltan el papel esencial que jugaron Mompox, Cartagena de Indias y otras ciudades del Caribe, la vicepresidenta de la República ha pedido no “hacer mala sangre” para que la conmemoración de los acontecimientos libertarios se convierta en una oportunidad de unión y celebración de país.

Comprensible la petición de la doctora Marta Lucía Ramírez. Lejos estamos en el Caribe de querer sembrar cizañas divisorias o aflorar resentimientos, justificados o no, frente a la “andinización” de la historia nacional. Pero no sienta mal el libre debate y la discusión con altura en torno de los acontecimientos que nos llevaron a liberarnos finalmente de la corona española.

Por supuesto que no le pondremos mala sangre a las celebraciones de la Independencia; pero esperamos desde el Caribe que el relato de esa cadena de heroicos sucesos que nos ganaron la libertad se cuenten desde Bogotá con una visión más completa que aquella que centra como episodios sustanciales, en los tradicionales libros de historia, el 20 de julio de 1810 y el 7 de agosto de 1819.

La vicepresidenta ha dicho que los actos conmemorativos del Bicentenario se llevarán hasta el año 2023, con lo cual habrá espacio para rememorar diversas fechas, de entre las cuales están aquellas que se refieren a los hechos emblemáticos que acaecieron en suelo costeño.

Pero lo que estamos pidiendo desde el Caribe es que, además, se reconozca no solo por el Gobierno sino también en el marco de las celebraciones y en la literatura oficial de la historia de Colombia, que los actos libertarios comenzaron en esta región, con el primer hito, marcado por Mompox en agosto 6 de 1810, seguido de la declaración de independencia absoluta el 11 de noviembre de 1811 en Cartagena de Indias, siendo como es que, también, el imperio abandonó finalmente el territorio patrio después del asalto a la flota realista el 24 de junio de 1821 por parte de José Prudencio Padilla, victoria con la que se logró la rendición y partida final de los españoles el 10 de octubre de 1821 en Cartagena.

Si la libertad de una nación frente a un régimen invasor solo se logra cuando se produce su abandono total del territorio, en realidad la fecha definitiva de independencia nacional debería ser el 10 de octubre de 1821, lo cual no es reconocido por la historia oficial, escrita desde el país andino.

Ni qué decir de nuestros archipiélagos, que solo hasta el 23 de junio de 1822, cuando Providencia proclamó su adhesión a Colombia, y el 21 de julio de ese año cuando San Andrés hizo lo propio, comprenden por qué es el 7 de agosto de 1819 la fecha estelar de la Independencia.

En suma, aún hay tiempo para corregir el cronograma de celebraciones fijado por el Gobierno central, en el que esperamos ver una exaltación destacada de las fechas que para los costeños cuentan como determinantes de la Independencia Nacional.

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