Editorial


La oposición a Petro

“María Fernanda Cabal decidió encarnar la promesa de ser oposición, y desde ya se posiciona como la voz cantante en un Congreso donde el ingeniero Hernández no...”.

Hace cuatro años, cuando Duque fue elegido presidente en la segunda vuelta, el contenido del discurso de Gustavo Petro aquel domingo en la noche podría resumirse en una sola palabra: “resistencia”. Y así fue. Los seguidores de la línea trazada por el entonces candidato de Colombia Humana repitieron esa consigna en casi todas las manifestaciones y protestas que signaron la oposición en las calles al gobierno que culmina el próximo 7 de agosto.

Por el contrario, y para sorpresa de la línea dura de la campaña vencedora, no hubo desde las toldas tradicionales ni de las empresariales ni de las religiosas ni de las de los partidos y movimientos derrotados, mensajes que se acercaran siquiera al más tenue sinónimo de “resistencia”. Por el contrario, las muestras de felicitaciones, de aceptación incondicional de la victoria del Pacto Histórico y de los buenos deseos para que al nuevo gobierno le vaya bien abundaron desde distintos frentes y pueden resumirse en los dos pronunciamientos más esperados desde la formalidad de la confrontación política; esto es, el del candidato derrotado, por una parte, y el del acérrimo contradictor del triunfador, por años, desde la otra.

Rodolfo Hernández, en su lacónico mensaje, así lo afirmó, sin asomo de dudas sobre su derrota y sin amenazas de ingobernabilidad. Por su parte, Álvaro Uribe Vélez, en breve, pero muy repensado mensaje, hizo gala de la más exacta conducta republicana del veterano líder de los vencidos por la imbatible razón de las urnas.

Luego de esas, las dos posiciones más esperadas desde la óptica del racionalismo político vinieron algunas destempladas, pero de menor rango, que en nada mueven el piso de la estabilidad de un establecimiento derrotado, pero con claras muestras de dignidad y de respeto a las reglas del juego democrático.

Tal vez por eso tanto los ganadores como los perdedores, pero sobre todo los ganadores, recibieron sin sorpresa y hasta con agrado la expresión más representativa de la necesaria oposición al nuevo gobierno. María Fernanda Cabal decidió encarnar la promesa de ser oposición, y desde ya se posiciona como la voz cantante en un Congreso donde el ingeniero Hernández no será el aglutinador de los oponentes al nuevo régimen. Y, por supuesto, la Cabal hablará fuerte, pero no supone inestabilidad para el funcionamiento del gobierno de izquierda que pronto estrenaremos.

Por el contrario, después de conocerse el clarísimo mensaje del Coce del Eln, cuya advertencia en cierto sentido desempeña, quién lo creyera, el rol de la lanzada por Gustavo Petro a Iván Duque hace cuatro años al grito de “resistencia”, da indicios de que, como en el Chile de Boric, el fuego amigo pudiera ser implacable.

Las primeras horas parecen indicar que a Gustavo Petro le costará más sudor mantener los equilibrios de poder entre sus huestes, que desvelos frente a sus opositores.

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