Editorial


La oposición no gobierna

“En el fondo, el jalón de orejas presidencial no lo es solo para sis aliados del Partido Verde, lo es también para el resto de las colectividades que conforman la coalición de Gobierno en el parlamento”.

EL UNIVERSAL

25 de noviembre de 2023 12:00 AM

Le asiste la razón al presidente Petro en cuanto a que un partido de gobierno cogobierna y el de oposición la hace, como así lo afirmó en el corto mensaje en el que, con ocasión de la polémica que se desató este jueves entre el Gobierno y el Partido Verde, provocada por las impertinentes declaraciones del ministro de Salud, en las que fustigó a los integrantes de esa agrupación, que hace parte de la coalición que apoya al Ejecutivo en el Congreso, fijó su posición en su cuenta de X.

El mensaje del primer mandatario fue escueto: “Un partido de gobierno cogobierna. Punto. Un partido de oposición hace oposición”.

En el fondo, el jalón de orejas presidencial no lo es solo para sus aliados del Partido Verde; lo es también para el resto de las colectividades que conforman la coalición de Gobierno en el parlamento.

Le damos la razón al presidente: la oposición no puede ser cuestionada por aplicar los procedimientos parlamentarios, de entre los cuales se encuentra retirarse del hemiciclo si no se está conforme con un proyecto que la coalición mayoritaria está dispuesta a discutir y a aprobar.

Esto es así no solo porque la Corte Constitucional ha validado esa práctica como conducente en el quehacer parlamentario, con lo cual, es legítima; también, especialmente, porque los votos de la oposición no son necesarios para la aprobación de las leyes cuando las mayorías las componen quienes se declaran partidos de gobierno, a los cuales suelen sumarse los independientes.

De hecho, las democracias sólidas son aquellas en las que la oposición ejerce y puede ejercer esa función republicana. Cuando se desfigura la oposición y es absorbida por el ‘unanimismo’, la vocación al contubernio, propio de la política material, se profundiza y el pueblo no alcanza a conocer los intríngulis maliciosos de los proyectos de leyes, pues se ocultan para favorecer el ambiente de ‘concordia’ que aviva el clientelismo.

Pretender que la responsabilidad de la ralentización de un proyecto de reforma promovido por el Ejecutivo, o de su no aprobación, es endilgable a la oposición, contiene diversos errores. El primero es desconocer la teoría del pluralismo y el disenso, que sustentan la democracia liberal. El segundo es no reconocer la importancia del ejercicio de la actitud crítica hacia el Gobierno, desde el Congreso.

Pero la tercera, de orden práctico, es la más concreta para lo que está ocurriendo con la reforma a la salud: los llamados a aprobarla son los partidos que conforman la coalición de Gobierno, y es responsabilidad del Ejecutivo, de los voceros de la Casa de Nariño y de sus máximos representantes en el Congreso, liderar la estrategia de aprobación, sin que ello suponga, por supuesto, pisotear la dignidad y capacidad de análisis de los copartidarios, ni ofrecer mermelada a cambio del voto, ni esperar que, lo que no apoyan los coaligados, se le exija a la oposición.

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