La parahotelería

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Concluido el exitoso Congreso Nacional de Cotelco, en el que el su presidente ejecutivo reveló datos sobre el destacado comportamiento del sector hotelero durante la última vigencia, y de cómo y cuánto contribuye la industria turística a la economía nacional, vale la pena resaltar el enorme esfuerzo que hacen los empresarios que cumplen con toda la normatividad que regula la actividad de hospedaje en el país, que es vigilada por el Ministerio de Industria y Comercio.

Baste señalar que la ocupación hotelera a nivel nacional aumentó en el último año, al pasar del 52.82% al 55.79%, siendo Cartagena de Indias la segunda en crecimiento, después de San Andrés.

Estas cifras serían aún mayores si se pudiera medir lo que ocurre con inmuebles que hacen parte de la actividad vinculada con el turismo, pero que no reportan al Estado su existencia.

Es sabido que los servicios de hospedaje no solo los prestan los empresarios y cadenas hoteleras de pequeño, regular o gran tamaño, sino que, también, un buen porcentaje es desarrollado por lo que se conoce como “parahotelería”, negocio informal que viene siendo regulado y, en alguna medida, controlado por las autoridades nacionales y locales, a pesar de las dificultades que ofrece la realidad inevitable que ha surgido con los avances tecnológicos y las necesidades de la población, tanto nacional como extranjera.

No estamos en contra de la expansión de los servicios de hospedaje por cuenta de plataformas como Airbnb; o de los contactos directos que corredores inmobiliarios o de turismo hacen entre los demandantes de habitaciones no hoteleras, y los propietarios o administradores de casas y apartamentos de familia habilitados para tales fines. Pero sí cuestionamos la “parahotelería”, que no contribuye con la formalización del negocio turístico, por todos los problemas que genera.

En efecto, no puede respaldarse la actividad hotelera en quienes subvierten el deber de inscribirse en el Registro Nacional de Turismo, sean personas naturales o jurídicas, en especial aquellas que la desarrollan en inmuebles que se encuentren sometidos a propiedad horizontal, los cuales tienen que estar autorizados para fines turísticos en el respectivo reglamento, pues de no ser así se vulnera la convivencia pacífica de la comunidad de un edificio o conjunto residencial que no faculta esas formas de enriquecimiento mercantil a los copropietarios.

Así las cosas, nuestro llamado es para instar al cumplimiento de la normatividad vigente en materia de “parahotelería”, pues no se puede pretender que los desarrollos tecnológicos o la inventiva privada vulneren el derecho que tienen los hogares a vivir en un ambiente tranquilo, si sus copropiedades no habilitan los servicios de hospedaje, pues la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y su protección tiene primacía sobre cualquier otro derecho, incluidos los económicos.

En consecuencia, las autoridades no deben cejar en los controles establecidos en las normas que regulan las actividades de hospedaje irregulares.

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