Editorial


La reinserción

Esta graduación tiene una importancia muy particular, porque -si todo sale bien- es el símbolo de la etapa que se aproxima en el proceso de paz.”

Hace 15 días, 180 antiguos alzados en armas se graduaron de ciudadanos, pasando de enfrentarse violentamente a la sociedad a hacer parte de ella. Gracias a la Agencia Nacional de Reintegración (ANR), de toga y birrete, estos 180 hombres y mujeres cumplieron así un proceso de más de cinco años, después de abandonar los grupos armados y se reintegraron a la vida civil, como lo harán el año entrante cientos de sus compañeros, hastiados de vivir escondiéndose y ávidos de llevar una vida normal, aprovechando las oportunidades que les ofrece una vida entregada al trabajo y a un nuevo país. La ANR ha cumplido una labor encomiable, entendiendo que la paz es algo más que la firma de unos acuerdos, y tiene que ver con  la prosperidad general, basada en el respeto del derecho de los demás a una vida sin sobresaltos y a la libertad en condiciones iguales de crecimiento y prosperidad.

Esta graduación tiene una importancia muy particular, porque -si todo sale bien- es el símbolo de la etapa que se aproxima en el proceso de paz, luego de que en La Habana se haya llegado a un punto tan avanzado, aunque todavía quedan cosas por aclarar, para que hablemos de una paz firme, duradera y sin impunidad. No son solo los líderes Los que precisan someterse a este proceso de rehabilitación, sino las bases, que durante mucho tiempo han vivido de espaldas a la sociedad y sometidos al capricho criminal de sus superiores. El Gobierno ha venido cumpliendo con ellos un proceso de de desarme, desmovilización y reintegración. Hace falta ahora responder a la pregunta determinante de si es el Estado o el sector privado, quien tendrá a su cargo la responsabilidad de reintegrar a los excombatientes de las Farc.

El proceso que lidera la ANR lleva ya muchos años y ha demostrado éxitos en reintegrar más de 10 mil excombatientes, la mayoría de los cuales no ha reincidido en su comportamiento criminal, como ha sucedido en otros casos de experiencias de rehabilitación. La ANR les ha enseñado un oficio y los ha instruido en algunos puntos de sus obligaciones en la vida institucional, de manera que ya ha venido cumpliendo con esa labor que será determinante en la fase venidera. Lo importante es que los reinsertados entiendan que la vida guerrillera no les ofrece ninguna ventaja y la vida en sociedad sí les permite aprovechar las ventajas del crecimiento digno y legal.

Hay unos 25 desmovilizados en el programa, y en la etapa del posconflicto habrá muchísimos más. De la labor de esta agencia dependerá que se consolide exitosamente todo el proceso y los cobijados con el programa no vuelvan a tomar las armas. Es preciso que la reintegración no se haga con una metodología diferente a la que se ha seguido, para lo cual el Gobierno debe garantizar la continuidad y financiación de la ANR como lo ha hecho hasta ahora. Esa entidad es la que posee la experiencia y ha mostrado resultados positivos.
 

TEMAS