Editorial


La salud remachada

La investigación de la reforma a la Salud hecha por Juan Gossaín y publicada ayer en El Tiempo deja incrédulo a cualquiera.
Aterra el cinismo del Gobierno y de los “deshonorables” que quieren cambiar el sistema de salud, ni siquiera para que todo siga igual, sino para que empeore.
La comunidad médica de Cartagena le ha dicho varias veces a El Universal que nunca antes había habido tanto dinero para la salud pública en Colombia (44 billones al año), y que si no se lo robaran de tantas maneras, alcanzaría para un sistema de salud pública de mucha calidad, como lo va logrando Barranquilla.
Pero la reformita propuesta por el Gobierno y defendida por quien “no sabe qué mal hizo para que lo nombraran ministro de Salud”, es una vergüenza para todos los involucrados. No parecen tener alma ni corazón, sino bolsillos sin fondo y el deseo infinito de llenarlos.
La reforma le abre el camino a un saqueo aún peor de los recursos públicos de la red de salud, entre otras cosas, porque los convierte en privados, y así ninguna de las ías los puede rastrear, ni investigar a sus malversadores. Si ahora, que no solo pueden, sino que deberían hacerlo, no lo hacen lo suficiente y la corrupción es rampante, ¿qué pasaría si aprueban la reforma?
Las EPS solo cambiarían de nombre y quedarían con patente de corso para continuar con el saqueo del sistema, que ya convirtieron en diversos negocios, entre estos el financiero y el inmobiliario.
Y al inventar las “áreas de gestión sanitaria” (¿quién fabricará estos nombres tan inocentes?), los entes territoriales podrán continuar repartiéndose la marrana de la salud, pero ahora con más ganas y una impunidad absoluta.
Los cambios también les permitirían a los saqueadores del sistema de salud definir qué servicios prestar y cuáles no, para mejorar el negocio, y seguiría obligando a los pacientes a ir a las clínicas y médicos que decidan los dueños del negocio, y no a los que ellos quieran.
La joya de la reforma quizá es la que Gossaín señala como la “Cacería contra la tutela”, ya que le quitaría a la salud la característica de servicio público “esencial”, con lo cual es tutelable, y lo dejaría simplemente como servicio público, permitiéndoles a los barones de la salud dejar sufrir y morir a mucha más gente que ahora, cuando la tutela equilibra un poco las cargas a favor de los pacientes que sobreviven para beneficiarse de ella.
Gossaín resume lo que sucedería si aprueban la reforma propuesta, así: “Dicho sin más rodeos: los ladrones ya no tendrían necesidad de robarse los recursos de la salud, porque la reforma se los estaría regalando de entrada, servidos en bandeja de plata”.
Si el presidente Santos no entendía la reforma, con la investigación de Juan Gossaín le debió quedar clarita.
¿La dejará seguir adelante?


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