La sostenibilidad fiscal

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A pesar de las dificultades que por años ha atravesado el país, este no ha dejado de crecer ni ha perdido la estabilidad política, jurídica y económica. No pocos se preguntan cómo el régimen ha podido sobrevivir a pruebas que en otros lares habrían supuesto la disolución del Estado o la pauperización de las condiciones sociales o, peor aún, terminar bajo el control de una dictadura miserable.

Con todos los desafíos vividos, el orden democrático, amenazado y atacado por tantos frentes, ha prevalecido.

El pragmatismo y la ortodoxia de quienes a lo largo de estas décadas han tenido bajo su responsabilidad la difícil tarea de dirigir las riendas de los cargos de gestión económica de la nación, bien sea desde el Banco de la República, o en los Ministerios de Hacienda, Comercio Exterior, DNP, Dian, entre otros, y los aportes de miles de colombianos que con su esfuerzo personal o con el de sus micro, pequeñas, medianas y grandes empresas han propiciado que la confianza en el sistema económico se mantenga no solo a nivel interno sino, y muy especialmente, a nivel internacional.

En ese camino, hace pocas semanas el Gobierno nacional publicó el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), cuyo objeto principal es la promoción de la sostenibilidad fiscal, necesaria para conservar el interés de los inversionistas extranjeros, solventar los riesgos macroeconómicos y disminuir el endeudamiento externo nacional.

El MFMP fue dictado después de las valoraciones sobre el comportamiento económico y los recaudos fiscales de los primeros meses del año con ocasión de la reforma tributaria de 2018, o Ley de Financiamiento.

Infortunadamente, diversos expertos han advertido que la referida ley no logrará recaudar los recursos necesarios para enfrentar los retos de los próximos años, con lo cual no es de extrañar que el actual Gobierno se vea compelido a promover otra reforma fiscal.

Si es así, tenemos que estar preparados para que en 2020 se nos hable de nuevas medidas económicas que pasarán por la promoción de un mayor recaudo tributario con medidas adicionales a las ya adoptadas, mayores recortes en los gastos de funcionamiento y de inversión social o la venta de activos representados en acciones en grandes empresas estatales o mixtas.

Sin embargo, todas esas medidas pueden requerir de varios meses y algunas generarán tal grado de polémica que podrían no ser adoptadas finalmente, con lo cual el Gobierno tendrá que pensar en opciones más extremas para que el andamiaje estatal no se detenga.

Si todo eso es factible, no se echará de menos mayores restricciones al gasto público, y que el Gobierno no le dé rienda suelta al apetito natural hacia un mayor endeudamiento.

Pero ninguna medida será más eficaz que apretar los controles a la corrupción para que el gasto y las inversiones se dirijan a los núcleos que generen riqueza y prosperidad en los territorios para hacer más eficiente el gasto público.

Eso, y un mayor control a la evasión, a la minería ilegal y al contrabando, pueden evitar nuevas e indeseables cargas fiscales.

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