Editorial


La variante delta

“Sin embargo, hay una oscura nube en el horizonte. El arribo al país de la variante delta, que ya pudiera estar circulando en la región, va a suponer un reto enorme (...)”

EL UNIVERSAL

02 de agosto de 2021 12:00 AM

Todo parece indicar que, a pesar del frenazo a la economía en mayo por cuenta del paro nacional, la recuperación de la dinámica empresarial en casi todos los sectores, da para abrigar la esperanza que la salida de la crisis pudiera ser más pronta de lo que proyectaron los expertos a principios de 2021.

De hecho, la Dian recién informó que entre enero y julio de este año se superó en 12% la meta de recaudo de impuestos, al alcanzar los casi 100 billones de pesos. Aun cuando la lucha contra la evasión y el contrabando jugaron un factor importante, lo cierto es que la voluntad indomable del empresariado, desde los micronegocios, pasando por las pequeñas, medianas y grandes empresas, así como el esfuerzo de tantos padres de familia en sus campos profesionales u oficios, incluidos los trabajadores en empleos formales o informales, jalonan la economía a pasos admirables.

A no dudarlo, las medidas adoptadas por las autoridades nacionales y locales para facilitar la apertura de más sectores económicos a pesar del avance de la pandemia, han contribuido a esa realidad, a la par de las inversiones en el sistema de salud y los logros en el proceso de vacunación.

Sin embargo, hay una oscura nube en el horizonte. El arribo al país de la variante delta, que ya pudiera estar circulando en la región, va a suponer un reto enorme tanto en las perspectivas de mantener la apertura en diversos sectores de la economía, como en la disponibilidad de camas UCI.

En efecto, ni siquiera los países más avanzados en sus procesos de vacunación se han librado de imponer medidas que retornan a los tiempos de sus terceros picos.

La virulencia de esta feroz variante no distingue entre inmunizados y no vacunados, pues contraen el virus tanto unos como los otros. Por supuesto, la ventaja es que el potencial de daño es muchísimo menor en quienes ya han recibido las dosis de los biológicos disponibles, pues el número de muertes de lejos no se compara con quienes se niegan a vacunarse o quienes no han contado con esa posibilidad.

En consecuencia, ya advertidos de lo que está pasando en otros lares, corresponde a que las autoridades dispongan de planes específicos contra esta variante, que reduzcan la enorme capacidad de contagio y daño que tiene; lo cual no debe suponer el cierre del comercio, pues esa posibilidad ya no es factible en una sociedad tan vapuleada económicamente.

Considerar, por ejemplo, que no se relaje el uso de mascarillas en interiores y otras áreas de alto riesgo de contagio, aún para vacunados, e ir negociando la adquisición de dosis de refuerzo para los ya vacunados son acciones indispensables.

Y, de seguro, se abrirá el polémico debate de la prohibición para que los ‘negacionistas’ accedan a sitios públicos donde interactúen quienes sí se hayan vacunado, y otras medidas similares que protejan a éstos. Tema difícil, pero cuya discusión será inevitable.

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