Editorial


La visita de la CIDH

“Se ha dicho que a los observadores delegados por la CIDH se les recibe con fundada expectativa tanto por las organizaciones defensoras de DD.HH. (...)”.

EL UNIVERSAL

08 de junio de 2021 12:00 AM

Comienza hoy la visita de campo de miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al país en medio de la expectativa por su capacidad para investigar, analizar y dar opinión imparcial sobre la situación de derechos humanos en el marco de las protestas iniciadas el 28 de abril.

Se ha dicho que a los observadores delegados por ese organismo de la Organización de Estados Americanos (OEA) se les recibe con fundada expectativa tanto por las organizaciones defensoras de Derechos Humanos, como por el Gobierno nacional. Pero es claro que el interés es de toda la nación.

En efecto, los colombianos necesitamos saber lo que las autoridades encargadas de hacerlo no NOS han contado sin disquisiciones dubitativas. Preocupa la poca fe que hay en lo que señalen desde la Rama Judicial –incluida la Fiscalía– o el Ministerio Público.

El apetito por conocer lo que piensan en la CIDH muestra claramente que acá no nos creemos entre nosotros, o no nos queremos creer lo que no estamos contando sobre ciudadanos desaparecidos, muertos o heridos, ni la identidad de los responsables.

Tampoco sobre si los bloqueos en vías nacionales o en las ciudades y poblados son inhumanos o no, aunque esas conductas estén elevadas a la categoría de delitos en la legislación interna. Porque de poco parece valer que el código penal describa esas acciones como punibles, si distintas organizaciones formales e informales vinculadas o no con el Paro Nacional concuerdan en que hacen parte de las alternativas que ofrece el derecho a la protesta.

La CIDH tiene la función principal de promover la observancia y la defensa de los derechos humanos en las Américas; en tal propósito puede realizar visitas de campo para analizar en profundidad tanto la situación general en un país como para investigar una situación específica, visitas que concluyen con la presentación de un informe sobre la situación de los derechos humanos, el cual es publicado y presentado ante el Consejo Permanente y la Asamblea General de la OEA.

En todo caso, lo que se espera es que, en medio de semejante estado de crispación, la Comisión tenga el rigor necesario para producir un documento conclusivo que interprete la realidad, esto es, que sea imparcial y veraz, pues los efectos no sólo tienen el potencial de profundizar las heridas abiertas que hoy mantienen al país en ascuas; esos efectos también se extenderán a lo que podría ser la revisión de las relaciones diplomáticas con otros Estados miembros.

La visita y sus resultados pueden aplacar los ánimos siempre y cuando encontremos en el informe final elementos que permitan concluir si es verdad o no que, salvadas las muy justificadas razones de la protesta por jóvenes y demás ciudadanos, el Estado, la mano oscura de las extremas, los narcos y gobiernos extranjeros han patrocinado o financiado violencia, crímenes o bloqueos.

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