Editorial


La visita del presidente

“Cayeron muy bien las respuestas del presidente Duque, quien se ocupó de señalar las obras y programas para reactivar las economías regional y (...)”

Tras la agitada visita del presidente Iván Duque a Cartagena, muy empática con alcalde, gobernador y sociedad civil, vale resaltar el interesante diálogo entre el primer mandatario y voceros gremiales, quienes formularon diversas propuestas para recuperar y dinamizar la economía, que fueron respondidas por el presidente, algunas de las cuales se publican en la edición de hoy.

La ciudad espera que el presidente revise con atención esas propuestas, incluidas las mencionadas para el sector turístico, como la aprobación de un ingreso mínimo de subsistencia a cesantes de empresas de alojamiento y restaurantes, así como a los cultores de las industrias creativas (economía naranja); o el ‘plan de salvamento empresarial’ con líneas de crédito no reembolsables y condonables bajo ciertas circunstancias.

En cuanto a la productividad y la capacidad exportadora del país, poner por fin a los Andes a mirar hacia el Caribe, como corredor incomparable de acceso a los mercados globales, propiciando normas que faciliten la relocalización industrial no sólo de empresas colombianas sino transnacionales, aprovechando los celos y desencuentros de poder entre las grandes potencias.

Cayeron muy bien las respuestas del presidente Duque, quien se ocupó de señalar las obras y programas en su mandato para reactivar las economías regional y local, tales como el impulso del proyecto del Canal del Dique, la Vía Perimetral, la Protección Costera, Caribe Mar y el compromiso de recuperar Transcaribe.

Con tino, el presidente se refirió también a aquellos programas que no tienen que ver con la infraestructura material, sino con las medidas de carácter social dirigidas a proteger a los más vulnerables, lo cual, como lo afirmó, comienza por pasar la pandemia sin hambre, que es el reto más difícil e importante de todos. Y tiene razón; pero ese reto no sólo no ha concluido con la nueva fase iniciada el 1 de septiembre, sino que debe mantenerse y profundizarse para al menos los próximos 12 meses, en vista que no habrá vacuna generalizada contra el COVID-19 y, por el contrario, tendremos que convivir entre cierres y reaperturas a las que nadie podrá acostumbrarse.

Entre las tareas que se lleva el presidente para la capital está la urgente modernización de las oficinas de registro de instrumentos públicos, pues estas y los vetustos POT siguen siendo los escollos institucionales más protuberantes para la dinamización de las inversiones, ventas y el lanzamiento de nuevos proyectos.

Igualmente, repensar en las funciones civiles de la Dimar, pues su visión de las playas marítimas y las actividades náuticas desde la óptica militar, le restan competitividad y eficiencia a las posibilidades de crecimiento y desarrollo a la industria náutica de la Costa Caribe. Esa revisión de competencias no debe ser aplazada. Y vaya si lo agradecerían los almirantes y sus oficiales, quienes hoy tienen que destinar más tiempo a cuestiones de índole legal o a atender trámites del interés de particulares que a la interdicción marítima y los asuntos inherentes a la defensa de la soberanía.