Las muchas inseguridades

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En la ‘Gran Encuesta Elecciones 2018’, hecha por Yan Haas para la alianza de medios entre RCN Radio, la FM, RCN TV, El País, El Universal, El Colombiano, Vanguardia Liberal y La República, la inseguridad ciudadana marcó de primera en “Asuntos del país que más le preocupan”, con 53%; le siguió la salud, con 34%; la economía fue tercera, con 32%; el cuarto lugar fue para el desempleo, con el mismo 32%; luego está la corrupción, con 20%, a la que siguen educación, costo de vida, impuestos, acuerdo de paz y conflicto armado, con porcentajes mucho menores.

Y descomponiendo la inseguridad ciudadana en otro cuadro, 68% de los encuestados dijo estar muy preocupado por los robos, atracos y fleteos. La gente del país, obviamente, se siente cada vez más insegura, y si la encuesta se repitiera ahora, probablemente se reflejaría en ella la gran incertidumbre causada por los diversos ataques terroristas del Eln, especialmente los de Barranquilla y Buenavista (Santa Rosa del Sur, en Bolívar).

Las distintas capas de percepción de la inseguridad, entonces podrían comenzar ahora con dichos ataques terroristas, cumpliendo así el objetivo del Eln de arrodillar a la ciudadanía y a través de ésta, al Gobierno, para obtener más concesiones en las negociaciones, y luego seguiría la inseguridad diaria y constante de la gente que tiene que moverse por sus entornos, sujeta a que le roben el celular, a sufrir fleteos, a que la atraquen en cualquier parte y a cualquier hora.

Mientras tanto, la sensación de desprotección es casi absoluta porque más demora la Policía en capturar a un hampón, que este en recuperar la libertad, o que le den la casa por cárcel a bandidos peligrosos. Algo no funciona bien en el Estado ‘garantista’, en el que los privilegios parecen ser para los hampones y el lado estrecho del embudo es para la ciudadanía, y con toda seguridad los entuertos que se ven a diario en la Justicia no eran la intención del Legislativo.

Está muy bien que las Farc, salvo sus disidencias, estén desmovilizadas, convertidas en el partido de ‘la’ Farc, pero el Gobierno tiene que dar un viraje rápido y certero para frenar la inseguridad ciudadana y dejar de hablar de ‘la paz’, como si repetir esas dos palabras la hiciera realidad de manera generalizada, y enfrentar las distintas actividades delincuenciales y terroristas con todas las armas de la institucionalidad.

No parece coincidencia, sino un mensaje claro del pueblo, que el presidente Santos fuera abucheado espontáneamente por los turistas de Colombia en las calles de Cartagena hace poco. Los colombianos exigen seguridad.

 

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