Lecciones del ‘Ñametón’

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La crisis de los campesinos que cosechan 4000 hectáreas de ñame en los Montes de María, y que no tenían quién les comprara su producto, se hizo famosa cuando acudieron a Youtube para enterar al mundo de sus problemas. Se volvió viral su video, auspiciado por Claudia García, directora de Fundación Semana y artífice de recuperar El Salado.

Aunque el video es ameno y simpático a primera vista, tiene un fondo trágico, ya que para cosechar tanta tierra en ñame se necesitan miles de personas, y esa combinación de ingenuidad campesina y tragedia humana en potencia llamó la atención de muchas personas, incluidas algunas en una posición de ayudar que fueron apareciendo en los días subsiguientes.

El gobernador de Bolívar enfrentó una bomba política y humanitaria en potencia, como hubiera sido no poder hacer nada y que se perdiera el ñame de su jurisdicción administrativa (y afectiva), y la volvió positiva a través del ‘Ñametón’ que organizó en el parque Espíritu del Manglar y que se termina hoy, evento apoyado con ahínco por todos los medios locales, escritos, hablados y virtuales, y también por los medios nacionales, fomentando el apoyo ciudadano multitudinario. Varias cadenas de supermercados se unieron no solo al Ñametón en el Espíritu del Manglar, sino que comprarán buena parte de la cosecha, si acaso no es toda. Importantes figuras políticas del país también vinieron a la ciudad y terciaron para ayudar a vender el producto en sus regiones.

La sensación gratificante de haber podido ayudar, que comparten muchísimas personas, no debería ocultar que una tragedia humanitaria en Montes de María, como es perder esta u otras cosechas, se traslada inmediatamente a las ciudades vecinas, a cuyos barrios marginales y calles irían a dar estos campesinos necesitados, incrementando exponencialmente los problemas urbanos de las capitales y de las demás cabeceras municipales.

Si las razones humanitarias y nobles no fueran suficiente aliciente, hay que tener la certeza que el éxito económico y social de la gente de los Montes de María y de las áreas rurales de Cartagena es indispensable para la calidad de vida de la propia capital, incluida su seguridad.

La lección principal de esta crisis del ñame montemariano, entonces, debería ser que el liderazgo de Cartagena, público y privado, necesita mirar hacia allá siempre y presionar al Gobierno para que haga lo que le toca, si no por razones altruistas, como debería ser, al menos por un sentido pragmático de supervivencia.

 


 

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