Los educadores y el progreso

20 de febrero de 2020 12:00 AM

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Nuestra actual estructura social ha desestimado el rol sustancial del educador en la sociedad, y más en tiempos cuando los sistemas de comunicación y herramientas tecnológicas llevan a los estudiantes a altos niveles de información, al punto de considerar -erróneamente- que el maestro presencial ya no es insustituible.

El uso de la información para estudiar sin guía y orientación ha traído, entre muchas consecuencias, también cierto descuido de la sociedad por los educadores, tan importantes para construir una cultura afincada en sólidos principios y valores.

Alex Bernard, autor de destacados estudios en varios países, ha resaltado el caso de cuatro connotados. En Inglaterra, donde encontró, a pesar del avance tecnológico, debilidades en la conducta de los estudiantes; en Silicón Valley, donde se está robotizando la educación, con consecuencias de deterioro humano; en Corea del Sur, donde tienen confinados a estudiantes para llegar a los niveles deseados, logrando un vertiginosos desarrollo en su estructura productiva y social, pero con un alto índice de enfermedades mentales en la juventud; y en Finlandia, país avanzado en el proceso de educación, que además ha promovido la creatividad dentro de un esquema ordenado y libre.

Tras la comparación de esos y otros modelos, el citado investigador concluye lo que por años se sostuvo pero que fue quedando en el olvido: que el educador tiene un papel invaluable e insustituible en la sociedad, lo que hoy se hace más evidente ante la generalizada incorporación de la mujer al mundo laboral, con la consecuente responsabilidad compartida por la suerte económica de la familia y los intereses productivos para mejorar sus ingresos, que conlleva a que cada vez más padres ceden a las instituciones escolares la formación de sus hijos.

Es sabido que Colombia no sale bien ranqueada en las mediciones internacionales de pruebas escolares, lo que nos obliga a todos a comprometernos en tener mejores y más preparados educadores, que tienen que recuperar su valoración social como una carrera del más alto nivel, que exige cada vez más, tanto en la educación pública como en la privada, que los talentos de estos se agudicen y se pongan a tono con las realidades que imponen los avances tecnológicos, los aplicativos específicos para la enseñanza y las posibilidades infinitas de información a la que pueden acceder sus educandos.

En tiempos cuando se analiza qué profesiones u oficios tienen asegurada su existencia a pesar de la revolución tecnológica, y cuáles son las tendencias de las realidades de mercados cada vez más exigentes, que impondrán nuevas disciplinas que no requerirán del estudio de largas y tradicionales profesiones, es un desafío repensar con prontitud qué énfasis debe ponerse en los Proyectos Educativos Institucionales de nuestras escuelas públicas para que no queden rezagadas en el tiempo, y la promesa de valor a sus alumnos y padres de familia no se convierta en una nueva razón de frustración y discriminación.

La discusión del Plan Maestro de Educación será oportunidad propicia para ello.

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