Editorial


Los expresidentes

“Y así sucede cuando los expresidentes no saben contener sus afanes de venganza o de engreída reivindicación política: se exponen a la burla (...)”.

EL UNIVERSAL

12 de septiembre de 2021 12:00 AM

Debe ser difícil haber ostentado todo el poder y tener que volver permanentes los cuarteles de invierno para hacerle honor a un retiro decoroso.

Pero los bochornosos hechos que han protagonizado nuestros expresidentes en recientes años y, singularmente, en las últimas semanas, prueban que el pasar al recogimiento voluntario sería su mejor contribución a la tranquilidad de la República.

Habría que crear un manual para enseñarles a reinventarse una nueva vida para ayudarles a mantener la dignidad del cargo que ostentaron. Ese manual tendría que iniciar por un capítulo que les instruya en cómo no hacerse daño a sí mismos; qué cosas no hacer para no hacer el ridículo y provocar vergüenza en quienes fueron sus gobernados.

Por supuesto que es imposible impedirles que procuren dejar de influir en la política real y en defender sus legados. De hecho, en nuestro país juegan un papel formal como miembros de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, institución que funge como cuerpo consultivo del presidente de la República para los asuntos importantes en las relaciones con otras naciones, con lo cual es la misma ley la que les confiere un papel activo en los asuntos del Estado.

El rumbo que toman nuestros expresidentes (guardadas las excepciones como los siempre mencionados Alberto Lleras o Belisario Betancur) es tan equivocado y ofensivo que ya es inimaginable verlos departir sanamente alrededor de la referida comisión asesora, al punto que surge la pregunta de si tiene sentido convocarla. Y con los recientes hechos, que en vez de dar ejemplo de fina conducta, cuando se cierra un nuevo episodio de connotación pública, es inevitable que el incontrolable inconsciente lleve a más de un ciudadano a pensar por un segundo si se estuvo en presencia de las actuaciones de hombres de Estado o de un nuevo remix de Songo le dio a Borondongo.

Y así sucede cuando los expresidentes no saben contener sus afanes de venganza o de engreída reivindicación política: se exponen a la burla, rebajando la majestad de la primera magistratura nacional.

Mucho hay del afán desmedido de poder y en cómo mantener la influencia intacta. Pero esa tendencia también es otra siembra de tempestades. Nada más pensar en dos casos recientes.

Al lado nuestro, lo que ocurrió entre Correa y Lenín Moreno, quien rompió con su patrocinador por desacuerdos en las visiones sobre el papel de la izquierda en el poder y las develaciones de graves hechos de corrupción. Y en nuestro suelo, esta lucha malsana entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe que volvió la paz en fuente de división en vez de encuentro fructífero entre pares.

Si las cosas siguen como van, habrá quien proponga prohibir a los expresidentes interferir en la selección de precandidatos o en obligarlos a abandonar los partidos políticos que quedan en sus manos como cosa propia..., o a construirles sus cuarteles de invierno.

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