Low cost

21 de febrero de 2020 12:00 AM

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Se pregunta el periodista Carlos Sánchez, en El Confidencial, quién gana y quién pierde con el exitoso modelo ‘low cost’ (bajos costos, bajos precios), y si es sostenible el Estado de bienestar cuando los salarios se ajustan a los precios baratos, o en qué medida el ensanchamiento de la desigualdad es fruto de la existencia de grandes corporaciones que venden barato porque aprovechan las condiciones de vida en países pobres.

El término anglosajón low cost se aplica a los modelos de negocios que se sustentan en la reducción de costos de producción y expendio de bienes, en procura de precios bajos de venta al consumidor final. Y en el caso de servicios, cuando se ofrece a bajo precio una prestación básica, es decir, sin valores agregados, pero procurando una calidad aceptable.

En el primer caso -la venta de bienes-, el modelo low cost o de bajo costo, implica o bien acceder a productos vía internet, que se adquieren en el e-commerce o comercio electrónico, por un precio inferior a los que se ofrecen en la localidad donde se vive; o bien presencialmente en cadenas de pequeños almacenes distribuidos en formatos repetidos en barrios de todos los estratos, que compiten con precios bajos frente a los almacenes de grandes superficies e, incluso, con las tradicionales tiendas de barrio.

En el segundo – la venta de servicios-, supone una baja de precios por prestaciones equivalentes a la ofrecidas por otras empresas que resultan más onerosas, lo cual se logra eliminando una serie de beneficios no sustanciales que encarecen el producto, tal como pasa con ciertas aerolíneas.

En suma, la rebaja de la calidad de los bienes y servicios se compensa con precios más competitivos.

La tesis central publicada en El Confidencial radica en que con este modelo gana el consumidor, pero finalmente pierde el ciudadano, en la medida que el desplazamiento generado por los nuevos modelos supone sacrificar empleos de millones de trabajadores que ya no serán necesarios para la atención personalizada o para producir los valores agregados que encarecen los productos, o para brindar mejores servicios e, incluso, para recibir productos de calidad que no se fabriquen en condiciones aceptables para los estándares occidentales o que no observen medidas mínimas que preserven el medioambiente.

Si el ciudadano se beneficia de una inusitada multiplicidad de productos con precios bajos, es probable que tras de estos haya un sinnúmero de trabajadores que reciben también salarios bajos para compensar los menores márgenes comerciales que posibiliten esos nuevos modelos, con lo cual miles de tiendas y comercios medianos cerrarán su puertas pues no podrán competir con las nuevas realidades; y empresas de prestigio tendrán que disminuir la calidad de los servicios que ofrecen para poder subsistir en el mercado.

Los retos que planean los nuevos modelos de negocios de un mundo globalizado andan mucho más rápido que la capacidad para prever, planear y adoptar medidas que fomenten un comercio más justo y equilibrado.

Como van las cosas, es verdad que no solo los tenderos de barrio están en riesgo de extinción.

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