Editorial


Mareas e inundaciones

Desde un principio varios ingenieros de la ciudad advirtieron a la administración del momento que las válvulas pico de pato no eran la solución para eliminar las inundaciones de varias calles de los barrios Bocagrande y Castillogrande, porque no había suficiente ‘cabeza’ para desaguar de las calles a la bahía, es decir, las calles no son lo suficientemente altas para que se desocupen siempre por gravedad hacia la bahía, y cuando hay marea alta, hay un ‘desagüe’ a la inversa, es decir, la bahía llena las calles. En cualquier propuesta y diseño se necesitarían motobombas, al menos parcialmente.

Javier Mouthon lideró desde el laboratorio de Hidráulica de la Universidad de Cartagena una solución aprobada por la mayoría de los versados en esta rama de la ingeniería, que constaba de un ‘box culvert’ a todo lo largo del paseo peatonal, que además de fungir como caminadero para los vecinos, ampliando este área hoy estrecha para la cantidad de usuarios, serviría de muralla contra las mareas altas, impidiéndoles entrar a las calles, y también de ‘tanque’ que recogería las lluvias por gravedad, y por gravedad también irían dentro de la estructura hasta dos puntos de bombeo automáticos que sacarían el agua a la bahía. En esa época (2011) la solución costaba 8100 millones de pesos, que hoy serían entre 20 y 25 mil millones de pesos.

Este diseño sería además un plan piloto para luego implementarlo en otros sitios de la ciudad, que también sufren por la misma razón: mareas y lluvia. Se suele hablar más de las inundaciones de Bocagrande por ser un centro importante de la hotelería y el turismo, además de las áreas residenciales, pero hay barrios como el Pie de La Popa y el Barrio Chino que también se inundan seriamente y necesitan una solución de verdad. Cada año las inundaciones serán perores, dado el cambio climático y una de sus consecuencias, el creciente nivel medio del mar.

Las válvulas pico de pato ahora están en manos de algunos residentes de Bocagrande y Castillogrande, quienes seguramente con buenas intenciones, pero pocos conocimientos, y además, desesperados porque la Alcaldía hasta ahora no ha hecho nada de verdad, las manipulan y también las deterioran aceleradamente, llevándolas de inadecuadas a inútiles.

La Alcaldía dice más o menos estar buscando algo ‘bueno, bonito y barato’, pero eso no solucionará el problema. Lo sensato sería dejar en firme el diseño de la Universidad de Cartagena para que se convierta en un proyecto de Estado, que no esté sujeto a los vaivenes políticos ni a la inestabilidad en el Palacio de la Aduana, y que avance inexorablemente en las sucesivas administraciones de Cartagena, que ojalá algún día dejen de ser atípicas.

Cartagena tiene además su Plan 4C para adaptarse al cambio climático, y este debería ser parte intrínseca de cualquier política pública relacionada con la infraestructura y con la vida al lado del mar. De esa manera garantizaríamos un uso mucho más eficiente del erario, y mejor calidad de vida.