Editorial


Más por la educación

“Tras el ‘Foro Educación 2021: entre la esperanza y la incertidumbre’: que transmitimos por nuestro Facebook Live, quedaron claros los esfuerzos (...).

EL UNIVERSAL

07 de abril de 2021 12:00 AM

Según varios documentos oficiales, una de las dimensiones en donde más se ha puesto a prueba la voluntad y determinación de los individuos, las familias, las instituciones y la sociedad en general es en la educación. Después de la salud y la economía en los hogares, la afectación por cuenta de la suspensión de la presencialidad escolar y universitaria para controlar el coronavirus, han profundizado las problemáticas estructurales que afectan a nuestros adolescentes y jóvenes, sobre todo en su salud mental.

Y en el caso de los niños, los impactos en el desarrollo integral de la primera infancia, singularmente en el cognitivo y la sociabilidad, con las correspondientes dificultades en el tránsito de la educación al preescolar, suman cargas tremendas tanto en los padres y adultos responsables del cuidado de los menores, como a profesores, maestros y directivos (en instituciones escolares y universitarias públicas y privadas). Peor en los casos de violencia intrafamiliar asociada a la convivencia permanente de los menores con sus victimarios.

De conformidad con el Banco Mundial, en la educación no presencial los estudiantes pierden en promedio el 52% de los aprendizajes totales de un año escolar, en tanto que en la alternancia baja al 37%. Por supuesto, el problema se agudiza en los hogares más vulnerables.

La pandemia ha profundizado las incertidumbres que ya existían en nuestra región frente al estado de la educación. El pasado domingo comentamos aquí los inquietantes resultados del último informe del Ceinfes sobre el bajo puntaje que volvimos a arrojar en las Pruebas Saber Pro, que denotan una gran debilidad de nuestro sistema educativo.

Tras el ‘Foro Educación 2021: entre la esperanza y la incertidumbre’, que transmitimos ayer a través de nuestro Facebook Live, quedaron claros los esfuerzos que el Ministerio de Educación, la Secretaría de Educación Distrital y las fundaciones privadas como Colectivo Traso y Fundación Santo Domingo vienen haciendo para sortear de la mejor manera las nuevas realidades, que son equivalentes a lo que están dando los padres de familia, docentes, directivos y demás actores del sistema. Pero esas realidades nos desbordan y demuestran que tenemos que dar mucho más.

Por ejemplo: en los hogares, reconociendo que los primeros educadores son los padres o adultos responsables (el buen ejemplo y la amorosa disciplina nunca serán suficientes); en las escuelas, docentes empeñados en formarse y forjar mejores ciudadanos; y abrirse más a la alternancia; directivos sindicales que rompan con viejos esquemas que no contribuyen al mejoramiento de las competencias de sus aprendices; servidores públicos que no tengan temor de liderar el salto cualitativo que estamos esperando hace años, y que comienza por atreverse a aprobar un plan estratégico que trascienda varias administraciones distritales.

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