Mirar al mar

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

En un reciente editorial mencionamos que los cartageneros estamos de espaldas al mar. Nos referíamos a la poca atención que le brindamos, frente a las infinitas posibilidades que ofrece, especialmente cuando observamos cómo interactúan otras naciones con ese coloso adormecido.

Basta con apreciar los pocos deportistas acuáticos que aportamos al concierto nacional, en juegos como vela, surf, windsur, esquí acuático, remo, motonáutica, kitesurf, voleibol playa, entre otros. Incluso, en vela, es más nutrida la participación de colombianos de otros lares, regularmente del interior del país, en clases como snipe, optimist, o sunfish, cuando acá por naturaleza deberíamos dominar esos oficios.

Es tan patente ese desgano nuestro que cuando pensamos en ligas deportivas, nos parece que cualquiera relacionada con el mar está reservada a ciertas élites, como si el recurso marino no estuviera allí, disponible para todos, y como si los presupuestos de los institutos de deportes distrital y departamental no pudieran orientarse a fortalecer la participación de nativos en esas competiciones. Como ejemplo de que sí es viable y debe hacerse, son los éxitos que ha acumulado el joven surfista cartagenero, Freddy Marimón, campeón mundial de Surf Adaptado en las famosas playas de La Jolla, en California.

Pero no es solo en el deporte. También en muchas otras áreas hemos estado como ausentes. Si pensamos, por ejemplo, en cómo perdió el país miles de kilómetros de mar frente a Nicaragua, país con el cual aún quedan pleitos pendientes, y en cómo los cartageneros nada importante hicimos frente a la defensa de ese activo nacional, tema sobre el cual pasamos agachados como si no nos competiera o como una señal de lo distantes que estamos del mar, ese vecino íntimo que es, para la mayoría de los cartageneros, un perfecto desconocido.

Otra muestra de ese desinterés por el mar es la forma como hemos dejado que se marchiten nuestras playas, en manos de quienes no saben administrarla ni tendrían por qué saberlo. La autoridad distrital y demás organismos competentes tienen años de intentar regularlas. Sin embargo, esa reglamentación no solo no se ha expedido o puesto en ejecución, sino que desde otros lares se decide sobre las mismas, frente a lo cual no somos sino testigos mudos. Allí está, por ejemplo, Playa Blanca, en Barú, que es el perfecto ejemplo de cómo no debe gestionarse un paraíso natural, al punto que, en el imaginario colectivo, después del polémico fallo de la Corte Constitucional, en la mente de los cartageneros esa playa ya no existe como opción para convertirse en un atractivo de nivel, que compita con las de Cancún, Varadero o Punta Cana.

El potencial marítimo de la ciudad es enorme. Si pensamos, por ejemplo, en lo que se está haciendo en la Comisión Colombiana del Océano para generar una cultura marítima que convierta de manera sostenible los océanos en fuentes de progreso económico y social, tendríamos como ciudad que haber dicho “presentes” para que seamos protagonistas y no meros espectadores del desarrollo marítimo nacional.

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Editorial

DE INTERÉS