Mujeres y fútbol

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Resulta paradójico que justamente un día antes de conmemorar el Día Internacional de la Mujer, el país recibiera el anuncio de la posibilidad de cancelación de la Liga Profesional Femenina de Fútbol por diversos problemas que tienen tintes discriminatorios y sexistas.

Destacadas jugadoras del seleccionado nacional, de este deporte que cada día cobra más popularidad entre las mujeres, han revelado conductas inapropiadas, por decir lo menos, por parte de directivos y entrenadores. Denuncias de acoso laboral, de acoso sexual, de discriminación en la asignación de recursos o apoyos para traslados, viáticos, suministros deportivos como uniformes, desprotección en salud, deficiencias de equipos médicos, gimnasios y medios de recuperación, son algunas de las quejas que con valentía se han revelado a los medios de comunicación en las recientes semanas.

Por el contrario, afirman ellas que a los hombres integrantes de la Liga Profesional Masculina y de los seleccionados nacionales o regionales, se les provee de elementos y recursos que las jugadoras sueñan con recibir, con razón, por parte de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), y de quienes la integran.

El caso del fútbol es emblemático en relación con lo que está pasando a nivel nacional en el mundo deportivo, pues resume los prejuicios que la cultura machista ha edificado a lo largo de siglos de sometimiento del hombre sobre la mujer. A pesar de que han pasado ya varios lustros desde que ellas decidieron que también podían practicar el más universal de los deportes, aún se sigue viendo con recelo, en todos los niveles sociales, a las jugadoras de fútbol, pues se considera erróneamente que es un juego exclusivo de varones.

Aun cuando los acusados han defendido su inocencia, no es para sorprenderse que cosas como las denunciadas se den en el ámbito deportivo, pues también suelen ocurrir en otras áreas de interrelación profesional entre mujeres y hombres, en donde las posiciones de poder, normalmente ocupada por estos, se utilizan para someter la voluntad de la parte tradicionalmente más débil. Esto, que pareciera una conducta propia de machos cabríos, en el fondo no es más que una manifestación de cobardía e inseguridad, pues un hombre de verdad sabe muy bien que lo único que lo hace realmente viril es conocer y ejercer su capacidad natural de conquistar la atención de la mujer cuando frente a esta no se tiene una posición de privilegio por razones de edad, cargo o estrato social, sino por la capacidad de enamorar en un plano de respeto e igualdad, con pleno uso de la libertad de elección de la mujer.

Los hechos denunciados exigen pronta investigación y resolución. Dejar en el tiempo decaer el derecho a conocer exactamente qué es lo que ha ocurrido en la liga femenina resulta no solo injusto sino también perjudicial para el futuro de este deporte, puesto que ese machismo y demás prejuicios sexistas, pueden alejar a padres de familia que ven con inquietud el creciente entusiasmo de las niñas y adolescentes por la práctica de este apasionante deporte.

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