Editorial


Nivel del mar y subsidencia

“Actuar ya frente al aumento del nivel del mar y la subsidencia supone pensar en una profunda transformación urbanística de la ciudad (...)”.

EL UNIVERSAL

25 de septiembre de 2021 12:00 AM

Desde hace más de 70 años se viene estudiando, por la comunidad científica, las causas y los efectos del aumento de las mareas y su impacto en la línea costera de Cartagena de Indias.

Con los avances científicos y la revolución tecnológica, desde hace dos lustros se confirmó que el nivel del mar está subiendo más rápido de lo que se esperaba para Cartagena en comparación con otras ciudades costaneras, así como las consecuencias de accidentes naturales en nuestras bahías y plataforma marina que circunda a Cartagena, como los más de 300 cráteres con marcas de gas que emanan hacia la superficie, con lo cual hay una clara combinación entre estos dos fenómenos, esto es, el incremento en el nivel del mar y la subsidencia del suelo o hundimiento por el diapirismo de lodo que hace perder masas de terreno sólido por la disposición del gas de salir a la atmósfera.

Ayer publicamos un nuevo informe que confirma los estudios anteriores, por lo que, no siendo una novedad, para nada debe entenderse como un deseo de provocar alarmas catastróficas, sino apenas la renovación del interés en provocar una real atención de las autoridades y demás órganos que pueden influir en la atención profesional de este asunto, que tendría que estar ya planificado y con una claridad en cuanto a los tiempos y soluciones a emprender.

Quiere esto decir, también, que ya los diagnósticos están hechos, y no tiene sentido vivir con una mentalidad negacionista, tan de moda en estos tiempos de medianía.

Y las propuestas también están sobre la mesa. Ya nos han dicho los científicos qué realizar. Mencionan, entre las medidas posibles, las de “hacer pendientes lo suficientemente finas y suaves para disipar la energía del oleaje, las que permitirán hacer dunas estabilizadas y continuas a lo largo de la playa en puntos estratégicos de la ciudad”. También proponen incorporar los caños y lagunas al cambio; de lo contrario, zonas ocupadas por familias sumidas en la pobreza serán las primeras en padecer tales fenómenos. Pero también en barrios turísticos y residenciales como el Centro y Bocala, en donde habrá que subir el nivel periférico, más un sistema de evacuación de aguas que garantice la seguridad de los vecinos y sus bienes.

Por supuesto que hay tiempo, si se comienza desde ahora, pues aun cuando las proyecciones a 40 o más años nos parecen lejanas, en términos urbanos eso está “a la vuelta de la esquina”.

Actuar ya frente al aumento del nivel del mar y la subsidencia supone pensar en una profunda transformación urbanística de la ciudad, lo cual implica adaptar el POT que actualmente se discute, a estas realidades impajaritables.

Si el nuevo POT es serio, tendría que traer un capítulo que defina qué barrios de la ciudad pueden protegerse de los cambios que se avecinan y cuáles tienen que clausurarse con la movilidad de las familias que correspondan, hacia nuevos desarrollos urbanos.

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