Editorial


Nueva carrera armamentista

“Ahora tendremos otra vez a una Alemania fabricando o comprando armas como no se veía desde antes de la Guerra Fría. Y una importante porción de los presupuestos que...”.

EL UNIVERSAL

02 de junio de 2022 12:00 AM

A juzgar por el ambiente que quedó ayer tras el discurso del alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, en la segunda jornada de la reunión extraordinaria de la UE en Bruselas, el mundo se ve abocado a una nueva carrera armamentista.

La frase que lo resume todo estuvo a cargo del mismo Borrell: “El comercio no es suficiente, no es suficiente el Estado de derecho, no es suficiente ser un buen poder civil. Necesitamos ser también un poder militar”, haciendo una clara referencia hacia dónde ha llevado la insensatez de Vladimir Putin en su determinación de apoderarse de suelo ucraniano.

Ya parece irremediable el incremento en el gasto militar de las naciones que integran la Unión, pues se parte hacia una nueva doctrina, que rigió a Europa en el Siglo XIX y parte del XX, en cuanto a que las capacidades de defensa militar son el núcleo de la soberanía nacional.

Ucrania, que no hace parte de la OTAN, otra historia habría tenido frente a su horrible periplo con Rusia; tal vez no estaría doblegada por los afanes expansionistas de Putin. Y aunque la resistencia de su valeroso pueblo le ha dado una brega inimaginable al ejército ruso, que no estaba preparado para una confrontación larga y costosa (singularmente en vidas y pérdida de armamento), es casi imposible que pueda vencer a un aparato gigantesco de guerra y destrucción.

El renovado fortalecimiento de las capacidades bélicas de Europa es una consecuencia indeseada de la disparatada aventura de Putin, lo cual supone una derrota anticipada del régimen ruso aun cuando el Donbáss finalmente declare su independencia y se anexe, como con Crimea en 2014, a la Federación de Rusia bajo el anunciado nombre de República Popular de Lugansk.

La afectación económica del pueblo ruso le terminará cobrando un costo impagable a sus líderes, que los llevaron a esta guerra injustificable. Pero por la invasión de Ucrania, Europa deja de mirar con desdén datos que no parecían tener importancia por la vocación de paz de sus pueblos evolucionados: de 1999 a 2021 el gasto de defensa de los países de la UE aumentó 19,7%, mientras que en EE. UU. fue del 65,7%, en Rusia el 292% y en China el 592%.

Ahora tendremos otra vez a una Alemania fabricando o comprando armas como no se veía desde antes de la Guerra Fría. Y una importante porción de los presupuestos que se sumaban para grandes propósitos irán con miras a persuadir, a vecinos ambiciosos, que no se metan con Europa.

Viendo desde estos lares cómo se organizará en los próximos meses el Programa Europeo de Inversiones Conjuntas en defensa, que se aprobará como conclusión de la referida reunión extraordinaria de la UE, imposible no pensar en qué camino tomará América Latina como subregión, estando aún dividida entre quienes quieren un mundo más parecido a los países que integran la OTAN o a los que conformaron el Pacto de Varsovia.

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