Padres desorientados

17 de agosto de 2019 12:00 AM

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En nuestro reciente informe de Miércoles de barrio resaltamos el desconcierto de líderes comunales de Flor del Campo, quienes reconocen que ya no saben qué hacer ante el creciente malestar social, que se manifiesta principalmente en una niñez y juventud desorientadas.

A pesar de contar con espacios recreativos, vía de acceso amplia, intensa actividad comercial, arborización, megacolegio y un centro de desarrollo infantil (CDI), el barrio no ha encontrado las claves para orientar a las familias hacia una mejor crianza de los hijos.

Una de las principales manifestaciones de esa desorientación en cómo transmitir buena educación a los menores, es el auge del microtráfico, que ha encontrado allí espacio de crecimiento ante la baja atención o el débil acompañamiento que muchas familias brindan a sus hijos.

Los embarazos precoces y el consumo de estupefacientes alarman a sus residentes, lo que se acompaña de fines de semana de descontrol, incluso en adultos, que atosigan con el ruido de estruendosos equipos de sonido y el licor a los vecinos, lo cual no da paso al conveniente reposo, tan necesario para un mejor rendimiento escolar y laboral.

Los vendedores de drogas merodean los planteles educativos y las canchas deportivas a la caza de adolescentes que carecen del adecuado control de sus padres o que se crían solos. Ni siquiera el arribo de entidades expertas en estas sintomatologías ha logrado detener ese deterioro, pues es evidente la falta de motivación e interés de muchos padres de familia, que no responden positivamente a las convocatorias que les hacen.

Pero lo que está pasando en Flor del Campo se replica en diversos barrios de la ciudad, en los que acusan la falta de claridad de los padres en el papel trascendente que juegan en la formación de sus hijos y el rol que están llamados a desempeñar para orientarlos hacia un mejor futuro.

Si en los colegios se debe trabajar para darles herramientas de vida a los muchachos, son pocas las instituciones que lo hacen para ayudar a los padres a identificar no solo los valores que deben transmitirse a las edades precisas, sino también las mejores estrategias para preservar la confianza de sus hijos y mantener una relación lo suficientemente sana como para que los menores siempre retornen al lecho de sus progenitores -o de la madre o el padre si solo cuentan con uno de ellos-, o donde los abuelos, cuando las diferentes inquietudes y vicisitudes se manifiestan en sus existencias.

Al ver lo que ocurre en nuestros barrios, en todos los estratos, se manifiesta una debilidad en el sistema en asentar bases sociales sólidas para forjar personas con capacidades que contribuyan a gestar hogares en donde los hijos encuentren ambientes de comunicación y de formación en valores para la vida.

Urge trabajar en la preparación de padres para que no solo no pierdan el control de sus menores, sino también para que sepan brindarles buen ejemplo, pues nada sustituye el aprendizaje por imitación y la educación en las virtudes en edades tempranas.

¿Quiénes están llamados a liderar este enorme reto?

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