Pensar en el después

26 de marzo de 2020 12:00 AM

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Aunque pudiera parecer temprano para pensar en cómo vamos a afrontar los retos que vendrán una vez concluya la declaratoria de emergencia y comencemos a regresar a la “normalidad”, sí es conveniente que desde el Gobierno un equipo especial de profesionales comience a perfilar el costo, el qué y el cómo de lo que podrían ser los escenarios probables para nuestro país, con modelos que midan alternativas de lo que puede ocurrir también en el exterior, singularmente con nuestros más importantes socios comerciales.

A nivel nacional, y como lo han señalado otros analistas, pudiera ser pertinente, por ejemplo, introducirle modificaciones temporales a la Ley de Insolvencia Económica para facilitar y hacer expedita la reestructuración de deuda privada, o facilitar la regulación en punto de estabilidad financiera, para que los bancos puedan reestructurar la deuda con sus clientes sin que se vean sus balances castigados, ni se reporten a las centrales de riesgo las moras de los deudores, causadas durante el tiempo de esta parálisis insuperable, pero también en fechas posteriores hasta que haya una relativa normalización del estado de la economía.

Pensar en lo que debe hacerse, por supuesto, puede parecer una anticipación innecesaria si ya lo que estamos viviendo tiene el potencial de absorber todas nuestras energías, y las del Estado; pero esto no es tan exacto si sabemos que el Gobierno cuenta con asesores de muy alto nivel, algunos de los cuales pudieran ocuparse de estos pronósticos. Y es responsable hacerlo para que la prudencia juegue a favor de las realidades que inexorablemente tendremos que enfrentar, que nos recibirán mejor preparados si con antelación los expertos se ocupan desde ya en aquellas.

Un ejemplo claro de esto lo podemos valorar en relación con nuestra industria más importante y, tal vez, la más cardinal en buena parte del orbe, esto es, el turismo.

Es que, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), a nivel mundial 75 millones de empleos en el sector de viajes y turismo están ya en riesgo por cuenta de la pandemia que padecemos, y la pérdida en la contribución al PIB global por la parada en esta industria pudiera no ser inferior a 2,1 billones de dólares en 2020.

La situación es tan apremiante que la WTTC estima que el aumento del 50% en la pérdida de empleos en solo siete días, representa una tendencia que supone un millón de empleos perdidos al día en el sector, debido al efecto radical que en la industria sin chimeneas tiene el COVID-19.

Como vemos, se trata de cifras tan escalofriantes que llevaron a la presidenta de WTTC, Gloria Guevara Manzo, a criticar sin ambages la demora de los gobiernos para ayudar a un sector que es columna vertebral de la economía global.

Si sabemos que Cartagena depende en buena parte de los ingresos formales e informales que genera el turismo, no es preposterar tomar medidas urgentes y acertadas con anticipación, para disminuir el impacto en miles de personas que de este sector dependen. Y si esto es así para uno de los sectores económicos, sí que tiene sentido que haya quienes piensen en las perspectivas venideras.

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