Editorial


Perspectivas económicas

“Dentro de ese análisis no pueden sustraerse los efectos de las dificultades en las dinámicas de las cadenas de suministro global de bienes y servicios”.

Los recientes análisis del acumulado del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Cartagena, con sus inusuales fluctuaciones, no permiten pronosticar en qué momento se estabilizarán los precios de la mayoría de bienes y servicios.

El hecho de que en julio el IPC de la ciudad fue de 0,18%, el más bajo de 2021, pero que en agosto haya dado el salto más elevado, al 0,43%, para volver a descender en septiembre, en 0,37%, muestran un comportamiento extraño, muy propio de estos tiempos de incertidumbre, no solo por los efectos de la COVID-19; también por las consecuencias en lo local de las realidades del comercio internacional.

Entre enero y septiembre acumulamos un IPC de 4,52%, superior al promedio nacional (4,33%); y nada hace prever que la inflación va a ceder, pues además de que es una tendencia global, singularidades como la de pérdida de valor de nuestra moneda frente al dólar, a pesar de la estabilización de las dos últimas semanas; o del incremento en el precio del barril de petróleo, factor que hasta antes de la pandemia garantizaba la apreciación del peso colombiano, nos tienen que llamar a la prudencia en las decisiones económicas, tanto a nivel familiar como empresarial.

Dentro de ese análisis no pueden sustraerse los efectos de las dificultades en las dinámicas de las cadenas de suministro global de bienes y servicios, debido a las interrupciones pandémicas, que provocaron retrasos en la producción y en los envíos; posteriormente, puertos congestionados por el repunte de la demanda de productos debido a la recuperación económica, con el corolario inevitable del aumento de los precios de las materias primas, de los costos de transporte, la escasez de barcos y contenedores, y el aumento de los precios para los consumidores, coyuntura compleja que solo se aliviará en la segunda mitad de 2022, según previsiones de expertos.

Por fortuna, hay factores que llaman a que no prime la incertidumbre: en el segundo semestre de este año la industria continúa con su dinámica positiva conforme con los resultados de la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta, debido a los mejores niveles de producción y ventas, la mayor utilización de la capacidad instalada nacional, crecientes pedidos de mercaderías y circulación de inventarios, considerando que pasamos de una producción en 2020 de -11,8%, a 16,8%; y de ventas totales por -11,9%, a 17,0%.

El mensaje que ha enviado la calificadora Moody’s, con el positivo mantenimiento del grado de inversión al país, opaca las desaprobaciones precedentes de Fitch y S&P, lo que significa que en los mercados internacionales no esperan más bajas en la calificación de la deuda colombiana, con sus efectos sobre una percepción de buen destino para la atracción de inversiones directas y el mantenimiento de tasas de intereses razonables para el Estado y las empresas.

Solamente un largo pico puede malograr las cosas.

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