Editorial


Petro y la política exterior

“Ojalá que el presidente electo no tenga que escoger entre los extremos del nuevo orden multipolar. Por el contrario, que sepa aprovechar la coquetería de los...”.

EL UNIVERSAL

04 de julio de 2022 12:00 AM

Las definiciones que el presidente electo, Gustavo Petro, tendrá que adoptar en materia de política exterior se encontrarán, inevitablemente, con lo que esperan del nuevo mandatario los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Rusia y China.

Con Europa será lo menos problemático; allá es conocido y apreciado en prácticamente la mayoría de los gobiernos con que el país mantiene vínculos estables y es seguro que desplegará a embajadores que fortalecerán las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales.

El diseño de filigrana de las relaciones exteriores correrá por cuenta de lo que el eje China-Rusia, que plantean un nuevo orden mundial multipolar (que parte de la pérdida de la hegemonía de EE. UU., que ahora sólo la tiene en Occidente), para poner en un plano de igualdad en la influencia global, singularmente en Asia, África y Latinoamérica, a Pekín y Moscú, ésta última con un reciente deterioro a raíz de la nefasta invasión a Ucrania.

Con Moscú el asunto debería ser más sencillo: no es mucho lo que la economía rusa puede aportarle a Colombia, con el bloqueo severo que la UE, los países del primer mundo que hacen parte de la mancomunidad británica y EE. UU., le han impuesto por la guerra en territorio europeo, y que se refleja en su primer ‘default’ (suspensión de pagos de la deuda pública). Le bastará al presidente Petro ampliar algo más esas relaciones sin despertar la molestia de los países de la UE en torno de los que girará el mayor interés de su gobierno.

Con Pekín el asunto es a otro nivel. La China es de lejos el actor más influyente en Asia y el que más crece en intereses económicos en los países del tercer mundo. Con los chinos, el presidente electo tendrá que entenderse no sólo en relación con los macroproyectos que éstos tienen o emprenderán en Colombia durante los próximos cuatro años, con concesiones que pueden durar varios periodos presidenciales; también tendrá que sentarse a discutir el papel que en la geopolítica quiere jugar nuestro país bajo su mandato en lo que, a partir de las conclusiones surgidas de la cumbre de países miembros de la OTAN que se reunió en Madrid la pasada semana, claramente es el inicio de un nuevo periodo de guerra fría, no querida por China, pero provocada por Rusia, salvo que el presidente Putin dé por terminados, pronto, los objetivos de la “operación militar especial” que adelante en suelo ucranio.

El acercamiento que el presidente Biden y su gobierno muestran con Venezuela y con el presidente electo señalan el interés que despiertan las dos naciones hermanas por su potencial de suplir necesidades energéticas de los miembros de la OTAN.

Ojalá que el presidente electo no tenga que escoger entre los extremos del nuevo orden multipolar. Por el contrario, que sepa aprovechar la coquetería de los adalides de ambos bloques puede suponer cotizar en alza la economía nacional.

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