Playas y ahogados

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Las emergencias que con frecuencia se vuelven fatalidades en las playas de Cartagena son repetitivas, aunque tienen más protagonismo durante las temporadas turísticas, cuando la cantidad de bañistas crece de manera geométrica.

Las playas de cualquier lugar tienen su propia dinámica de corrientes y profundidad, y esta debe ser conocida por los usuarios y además respetada por estos, porque de hacerlo dependen sus vidas, como vemos con frecuencia.

No son lo mismo las playas de Tolú, en  el Golfo de Morrosquillo, por ejemplo, con su poca profundidad y poca corriente, aun lejos de la orilla, que las de Cartagena, que se tornan profundas, mucho más cerca de la playa y tienen una corriente predominante de norte a sur que suele ser bastante fuerte. Eso quiere decir que mientras un bañista en Tolú toca el fondo lejos de la orilla y camina relativamente seguro mar adentro, en Cartagena el fondo “desaparece” rápido y la corriente es muy fuerte,  a veces hasta para buenos nadadores.

Y para complicar más los peligros, varias, como las próximas al Túnel de Crespo, fueron dragadas y aún la deriva litoral, que es la misma corriente de norte a sur ya mencionada, que suele transportar arena que va depositando en su recorrido, no ha repuesto todo el material tomado en préstamo.

Otro peligro en Cartagena son los espolones, muchos de los cuales son ya viejos y porosos por falta de mantenimiento, a través de los cuales se filtra la corriente mencionada, siendo frecuente que un bañista que ya no puede pisar el fondo ni sabe nadar bien, es arrastrado contra las piedras del espolón, donde se puede ahogar con mucha facilidad.

Toda esta información es bien conocida por todas las autoridades responsables en las playas, y para evitar estos peligros han puesto avisos enormes y muy visibles para  advertirles a los turistas qué deben hacer y qué no, para salvaguardar sus propias vidas.

Pero aquí es cuando todo suele salir mal, porque la mayoría de los turistas y bañistas locales, si acaso se molestan en leer los avisos, no les hacen caso, como tampoco obedecen a los salvavidas que están allí tratando de cuidarlos. Las respuestas a los intentos de impedir que usen las playas peligrosas y prohibidas, o que sigan las indicaciones en aquellas abiertas a los bañistas, a veces incluyen improperios y han llegado hasta las agresiones físicas.

Está visto que no seguir las instrucciones y desobedecerle a los salvavidas y demás autoridades es una tara nacional, y no solo de los habitantes de la Costa Caribe, aunque aquí a veces la llevemos un poco más lejos a pesar de sus consecuencias demostradamente fatales.

La buena noticia es que aunque ya hubo una persona ahogada en estas Fiestas, otra fue salvada por un policía, quien se metió al agua. Tuvieron suerte él y el rescatado, ya que quienes se están ahogando suelen estar aterrorizados y se le cuelgan a sus rescatistas del cuello, ahogándose ambos a veces.

Ojalá los colombianos, incluidos los caribes, aprendamos pronto a leer y a obedecer avisos sin armar un motín contra quienes hacen cumplir las normas.

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