Por unas fiestas tranquilas

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Cuando se acerca la celebración de las Fiestas de Independencia en Cartagena, crece la preocupación por lo que pueda suceder con el orden público, en un ambiente enrarecido por la corrupción, la desesperanza, el desempleo y un resentimiento social que se siente crecer.

Y es que, pese a las estadísticas difíciles de digerir de la Secretaría del Interior, la realidad va de la mano con la percepción de la insoportable inseguridad en Cartagena, hasta hace pocas décadas tranquila y apacible, que se deterioró mucho y el ciudadano del común se siente muy vulnerable ante el reto de la delincuencia y ante la falta de contundencia de nuestras autoridades legítimas para defenderlo,  no le queda más remedio que atrincherarse en su hogar o salir de la ciudad en esos días.

Con la llegada de las fiestas novembrinas se disparan los actos delincuenciales, los accidentes automovilísticos y los ocurridos en moto se multiplican; las riñas entre pandillas y los atracos a mano armada son incontables, la violencia intrafamiliar y el consumo de alcohol y estupefacientes aumentan.

Tanto las autoridades, como propios y visitantes deben comprometerse para que el resultado sea unas fiestas llenas de alegría, sin nada que lamentar.

Nuestras celebraciones  deben ser un verdadero monumento al respeto y al  civismo, transformando las Fiestas de la Independencia en un instrumento  de integración y no en combustible para la violencia.

El vandalismo no puede superar el disfrute. Desde ya la Policía debe estar atenta para evitar que cierren calles aquellos que plantean “plata o agua”, mojando a quienes no les den, pues no solo se afecta la movilidad, sino la integridad de quienes tratan de zafarse del acoso.

Hay gente que comienza tirándose bolsitas de agua y termina con peñones; buses y busetas que pese al calor, deben ir con las ventanas arriba porque los pasajeros pueden ser impactados por bolsitas, algunas llenas no solo de agua; el buscapié y cualquier artefacto con pólvora que arrojan al que sea porque creen que en las fiestas todo se vale.

Los preludios que terminaron el pasado viernes, donde las comunidades pudieron conocer a las reinas, fueron un éxito gracias al comportamiento de la gente.

Ojalá, ahora que llegó el mes donde varios sectores se inspiran con los populares cabildos o banditos, se mantenga un comportamiento adecuado, de lo contrario, habría que admitir que esta ciudad no puede controlar sus fiestas, y hacerlas así sería cuestionable.  

 

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