Editorial


Progreso democrático

En las elecciones pasadas, a pesar de que en muchos casos hubo más de la misma politiquería, caciquismo y clientelismo, también hubo progresos democráticos.
El caso de Magangué es emblemático porque un demócrata convencido, Marcelo Torres, hoy del Partido Verde, derrotó a una maquinaria abusiva y corrupta. Sus electores, hastiados de sus opresores, vencieron el miedo, que era considerable y justificado, y lo eligieron con 23.719 votos, o 48,96 % de la votación total.
El caso de Turbaco fue más contundente. La población se sacudió el yugo para elegir a Mayron Martínez, avalado por ASI, con 16.740  votos, equivalentes a 53,69% del total. Martínez prometía en su campaña el cambio de las costumbres políticas y el fin de la corrupción, o al menos, añadimos nosotros, no patrocinarla desde la propia Alcaldía, que ya es un adelanto considerable.
Turbaco sufre por unos servicios públicos pésimos y si bien el alcalde no podrá reversar los contratos a menos que su beneficiario dé motivos legales, sí podrá hacerlos cumplir al pie de la letra, que es lo que el pueblo reclama.
Martínez tendrá muchos retos adicionales, como combatir al cartel de las invasiones que opera en Turbaco, donde de un día para otro y por arte del birlibirloque, se puede dejar de ser propietario de un predio cuyos títulos jamás estuvieron cuestionados hasta ese momento, cuando le aparecerán dueños nuevos e historia ficticia. Es un modus operandi parecido al de los despojadores de Montes de María, con la diferencia de que en este caso las víctimas pueden ser de cualquier estrato, incluidos los más altos.
El nuevo alcalde de Turbaco tendrá que enfrentar la inseguridad causada por las diversas bandas criminales, o Bacrim, como las llaman las autoridades, que intervienen en aspectos múltiples de la vida de la comunidad, causándole gran zozobra.
Martínez también tendrá que hacer cumplir las normas elementales de convivencia, como no abusar del volumen de los equipos de sonido, de los cuales él es víctima primerísima al vivir frente a varios de ellos, cuya cacofonía retumba en una impunidad vergonzosa a pesar de estar en zona hospitalaria y residencial, y que debería meter en cintura porque afecta a miles de personas allí y en toda la población.
El caso de Cartagena se parece a los dos anteriores en cuanto a que la votación del alcalde electo –también avalado por ASI- fue no solo caudalosa e histórica, con 158.134 votos, ó 54,72% del total, sino que surgió espontáneamente de un electorado que en buena parte vendía su voto, pero esta vez se abalanzó a las urnas para elegir al candidato en quien confían.
Más que un voto de opinión, fue una explosión de esperanza que le pasó por encima a la maquinaria politiquera de Cartagena y también derrotó su compra de votos. La responsabilidad del nuevo alcalde es mayor, especialmente cuando lleva años criticando a las administraciones por los males que a él le tocará remediar, no con la comodidad del micrófono, sino con acciones concretas.
Los tres alcaldes están ante una oportunidad histórica para mejorar las condiciones de vida de sus electores.