Editorial


Proteger a los mayores

“No ver las cosas con claridad, desde ahora, puede llevarnos a un punto en el que tengamos que avergonzarnos del trato dado a nuestros mayores (...)”.

EL UNIVERSAL

11 de junio de 2021 12:00 AM

Las historias que estos días hemos contado sobre los padeceres de ancianos o adultos mayores son tristes. Las muestras de abandono familiar, aun cuando duelen más, no son menores que el descuido del Estado.

Los Centros de Vida, establecimientos destinados para propiciar la participación, inclusión y atención integral del adulto mayor, desde su contexto, preparándolo para enfrentar los cambios propios de la tercera edad, de tal forma que les permita sentirse útil y valorarse en la vida social y familiar, narran capítulos que pronto tenemos que superar.

Por ejemplo, los mercaditos que recibían periódicamente, proporcionados por las alcaldías, cesaron desde hace meses, debido a que los programas de adultos mayores desde el año pasado se mantienen en la incertidumbre.

El cierre de los Centros de Vida donde se reunían los grupos organizados de ancianos por causa de la pandemia llevó a que la Secretaría de Participación optara por otras modalidades que suplieran el alimento que entregaban en esos y otros sitios.

Pero lo cierto es que a estas alturas del año aún no ha comenzado la contratación para reactivar estos Centros y para surtirlos, al parecer porque no se ha recaudado lo suficiente con la estampilla “Años Dorados”. Si esa es la explicación, pues resulta inaceptable, ya que el Distrito cuenta con la suficiente credibilidad en el sector financiero como para obtener créditos destinados a solventar estos programas humanitarios, entre otras cosas porque se pueden pignorar rentas como las provenientes de tal estampilla.

Y es que los paquetes alimentarios son de gran ayuda para las familias que tienen abuelos o adultos mayores en casa, porque disminuye la carga familiar singularmente en estos tiempos duros de pandemia. Según información suministrada por la Secretaría de Participación, este año con los paquetes alimentarios se beneficiarían 15.584 adultos mayores; es decir, igual número de hogares se verían menos expuestos a los padecimientos de estos meses tan difíciles.

Pero hay que ir más allá. Ya no se discute que los cambios en la pirámide poblacional, esto es, en el hecho de que cada vez habrá más ancianos y menos jóvenes, plantean nuevas problemáticas de índole multidimensional que tienen que abordarse sin tapujos por la sociedad y el Estado. Más adultos mayores y menores ingresos por la reducción de la población joven muestra que los actuales programas de asistencia a la población mayor tienen que rediseñarse, pues se incrementarán los requerimientos ya no solo de las más básicas necesidades materiales, sino también el gasto en atención sanitaria y en cuidados especializados.

No ver las cosas con claridad, desde ahora, puede llevarnos a un punto en el que tengamos que avergonzarnos del trato dado a nuestros mayores. Una sociedad que desatiende a sus ancianos es merecedora de todos los oprobios.

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