Provocaciones del Emisor

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Contrario a lo que han señalado varios analistas, y a lo que han alegado altos miembros del Gobierno, la inusual intervención del Gerente del Banco de la República en torno de la relación que hay entre el estancamiento de la economía nacional y la polarización política que padecemos, resulta muy provechosa.

Como es sabido, la tradición ha enseñado que los directivos del Banco de la República pueden dar en público opiniones técnicas sobre las variables en las que el banco central se ocupa por orden constitucional, esto es, las relativas a la política monetaria. Por lo mismo, no están llamados a formular disquisiciones públicas sobre temas que van más allá de su entorno estatutario, y peor aún, del comportamiento de la economía política.

Es que desde hace varias semanas diversas voces vienen advirtiendo sobre el daño que la agria y pueril confrontación política está causando a las realidades económicas. Incluso, desde esta tribuna dijimos hace unos pocos días que, si los dirigentes se sintonizaran con las actualidades elementales, cuánto tiempo menos destinarán a destilar sus resentimientos y odios intestinos, que no construyen, y por el contrario, se centrarían en cómo enfrentar los nubarrones que amenazan la estabilidad, la productividad y el desarrollo.

Pero muy preocupado tiene que estar el gerente del Banco de la República para haber roto esa tradición de prudencia, tanto que su aparente ‘metida de pata’ puede leerse más bien como una necesaria provocación.

En efecto, ante el silencio de la clase política frente al debate sobre la situación económica, sólo una voz poderosa puede despertar del letargo a quienes ostentan el verdadero poder de cambiar la realidad, que son nuestros representantes elegidos por voto popular y los servidores públicos que de ellos dependen. Y quién más que el gerente del Emisor.

Pues sí: ya sabemos que en el primer trimestre la inversión extranjera en el país creció al 68%, que se está recuperando el consumo y la producción industrial, pero también que nadie ha querido referirse en serio a las cifras que más preocupación debe causarle a los dirigentes, y es por qué no solo se detuvo la dinámica de varias décadas de favorables resultados en la reducción de la pobreza nacional, sino en cómo hacemos para que no siga profundizándose la pobreza multidimensional.

De la misma manera, cómo detenemos la baja en el crecimiento de la economía, que sólo lo hizo en 2,3%, lejos de la meta del 3,5% fijada para el cierre de 2019. O cómo mejoraremos el déficit en la cuenta corriente, que está en un nivel que prácticamente nadie pronosticó para estas calendas, esto es, en el 4,6 del PIB.

Ya hablaron los académicos, los economistas, los líderes empresariales y el Gobierno. Ahora queremos ver a nuestros dirigentes políticos centrarse en el tema que más puede importar a los colombianos de a pie, a sus electores, y es cómo dotamos al Gobierno, a las empresas, a los emprendedores, a los trabajadores y a la comunidad en general, de un entorno más competitivo, en el que se privilegie el debate en cómo hacernos más productivos. En suma, menos cháchara y más realidad.

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