Que no se repita

25 de marzo de 2020 12:00 AM

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Las imágenes de cientos de ciudadanos en las calles ayer, como si no ocurriera nada, causan gran preocupación... y contrariedad.

Los grupos de personas sin prácticamente ninguna protección para defenderse del nuevo coronavirus o para no afectar la salud del prójimo, que abundaron ayer, generan alarma. En el Mercado de Bazurto, en buses y busetas, en parques y centros comerciales, y en muchos otros lugares públicos abundaban ciudadanos con las prisas previas a la vigencia nacional de la cuarentena obligatoria, como si no fuera posible salir en los siguientes días en los casos excepcionales, y suficientes, que se han regulado en los decretos presidenciales y locales.

Claramente el Gobierno había dicho que no era necesario salir a abarrotar las calles si es potísimo que un miembro de la familia podrá salir a adquirir los productos básicos para el consumo en el hogar durante la cuarentena, o para pasear a las mascotas y otras diligencias esenciales. Sin embargo, lo que ocurrió, principalmente en la mañana del martes, fue un típico caso de desobediencia sumamente irresponsable, pues denota no solo una gran despreocupación por la propia integridad sino un desprecio por la salud del prójimo.

A estas alturas, nadie debería dudar del potencial de daño que tiene el COVID-19. Por fortuna, nuestros gobiernos han adoptado medidas preventivas que pueden disminuir sus efectos dañosos; siempre y cuando la población responda con sensatez a estas. Y eso no ocurrió este martes, quebrándose una tendencia de responsabilidad que se había percibido en la mayoría de la población, que había acogido de forma ejemplar las restricciones generales.

Obviamente, no puede ocultarse la ansiedad más que justificada de los padres y madres de familias pobres, que tiemblan por no poder llevar el sustento a sus hogares. Pero es claro que ya los gobiernos nacional y distrital están recaudando recursos y mercados para distribuirlos entre los más débiles económicamente; a lo que se suman las variadas iniciativas de personas, organizaciones y empresas, que están dando muestras de solidaridad encomiable.

Cuando se ven esas imágenes de personas sin tapabocas o en actitudes propias de un día común, no se puede dejar de pensar en los médicos, enfermeras y personal de salud que se la están jugando, en primera línea de lucha, contra esta pandemia. Quienes se comportan de manera irresponsable no se percatan de que también pondrán en riesgo la vida de quienes están empeñados en preservar la salud de sus pacientes, incluso dentro de jornadas extendidas y sin las condiciones óptimas para no exponerse al contagio.

Los gremios de prestigiosos médicos nos han dicho que no tienen suficiente material protector, y eso que no ha comenzado la verdadera crisis, que esperamos no se profundice por la irresponsabilidad que vivimos ayer en nuestra ciudad. Habrá que afinar los mensajes para que esto no vuelva a repetirse.

Caben las palabras del presidente Duque al explicar las medidas adoptadas: “Si nos cuidamos a nosotros, salvamos a los demás”.

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