¿Qué pasa con las pruebas?

01 de abril de 2020 12:00 AM

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Hemos insistido desde esta tribuna sobre la importancia de practicar el mayor número de pruebas de COVID-19 posibles, pero, hay que decirlo sin rodeos, eso es tan importante como la rapidez en conocer sus resultados. Y muy poco de lo uno y muy lento lo de lo otro.

Nada más hace unos días el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, insistió en un mensaje, a todos los países, a que se “hagan pruebas, pruebas, pruebas”. Esa petición universal cobra mucho sentido en nuestra nación, ahora que vemos lo lento que va el proceso de recolección de pruebas y, peor, el de entrega de resultados, pues cuando el número de ciudadanos a quienes se les practica la prueba es tan bajo, no es posible contar con una “radiografía” completa del problema, debido a que el número de casos con resultado positivo resulta siendo muy inferior al total de los que seguramente están enfermos con el nuevo coronavirus.

Si no es posible saber cercanamente lo que está pasando en los hogares donde la gente permanece en cuarentena, incluso muchos de ellos con síntomas leves o con síntomas fuertes iguales o similares a los que describe un positivo de COVID-19, resulta entonces muy difícil contener la propagación del virus y conocer cómo se comporta en nuestro medio tropical, pues si las personas contagiadas no saben que lo están, difícilmente tomarán medidas drásticas para evitar la transmisión del virus a otras.

No sobra volver a comparar la valiosa experiencia, ya mencionada aquí, de Corea del Sur, que prácticamente cuadruplica en exámenes a países desarrollados, con lo que ha atendido en forma rauda a sus enfermos, logrando contener, como ninguna otra nación, el avance de la enfermedad, por cuanto al lograr procesar más muestras por día, la cifra de contagiados es lo más aproximado a la realidad, permitiendo así adoptar medidas más eficaces.

Se nos viene diciendo que en nuestro país hay cinco laboratorios para analizar las pruebas. Pero nada que arrancan los nuevos regionales, como el que ha ofrecido la Universidad de Cartagena, lo cual nos mantiene en una exasperante dependencia de Bogotá, con todo lo que ello supone en tardanza, errores y confusiones.

No puede ser que los resultados de exámenes, en no pocos casos, se estén demorando más de siete días, máxime si se nos dice que en las próximas semanas llegaremos al pico del contagio.

¿Por qué no se nos cuenta la verdad de lo que está pasando en relación con la lentitud y tardanza de los resultados de las pruebas, y de la concentración en Bogotá de su práctica? ¿Por qué algunas personas que primero dieron negativo, después, incluso cuando han fallecido, son reportadas como positivas al COVID-19?

Ayer el presidente Iván Duque anunció que Laboratorios Abbott destinará al país un millón 49 mil pruebas adicionales para detectar el coronavirus. Es de esperar que desde el Gobierno se redoblen los esfuerzos no solo para practicar muchas pruebas sino también para agilizar la entrega de resultados. Pero eso no será posible si no se pone el mayor empeño en descentralizarlas.

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