Editorial


¿Quién entiende?

“Más sorprende la oposición que se le hace desde algún sector en Barranquilla. En vez de contar con la solidaridad de todos los barranquilleros, los cartageneros sentimos...”.

EL UNIVERSAL

02 de agosto de 2022 12:00 AM

Es verdaderamente desconcertante los contradictores que le han surgido al proyecto del Canal del Dique o a su eventual adjudicación. La suma de personas e instituciones poderosas que no se refieren a sus bondades, como si no las tuviera, sino a toda suerte de indisposiciones, con razón causa extrañeza, pues no puede ser que lo que una veintena de municipios de tres departamentos hemos reclamado por años, sea visto como una amenaza para un grupo de poderes económicos y políticos del país.

No puede ser posible que por un puñado de empresarios y políticos que no quieren que se haga el proyecto, se paralice. O que se suspenda porque faltan consultas previas que no se identificaron en su momento, cuando es apenas factible que durante el próximo año y medio se realicen todas las que señalen el Ministerio del Interior o los jueces de tutela.

Incluso, si hubiese que practicar un proceso de inhumación de cadáveres ahora que se ha señalado al Canal del Dique como el cementerio ‘acuático’ más grande del Caribe, este también sería compatible con el tiempo que durará la estructuración del proyecto, si es que es adjudicado, pues no serán menos de un año y medio en que no habrá ninguna intervención en obras, sino trabajo de oficina, como lo ha precisado la ANI.

A estas alturas, después de más de cinco décadas de esperar a que el Gobierno nacional resolviera atender la mitigación del daño que se le viene causando irracionalmente a la región, por cuenta de una mayor navegabilidad del Canal para favorecer la expansión y transporte de los productos de Ecopetrol, ¿cómo puede pretenderse dejar sin la solución a una comunidad que ha venido acompañando a varios gobiernos centrales, para que llegáramos por fin a este momento crucial que, es evidente, no afecta ningún interés?

Por el contrario, todos los intereses, incluso los de las comunidades que sienten que no han sido escuchadas dentro del proceso, o los deudos de las víctimas de la violencia padecida en la región, solo pueden hacerse efectivos precisamente con la ejecución del proyecto.

Más sorprende la oposición que se le hace desde algún sector en Barranquilla. En vez de contar con la solidaridad de todos los barranquilleros, los cartageneros sentimos que no contamos con ellos. Una conducta extraña, pues equivaldría a que desde El Universal y otros estamentos ciudadanos, nos opusiéramos a las inversiones que con el presupuesto nacional suelen hacerle a Bocas de Ceniza, a pesar de las objeciones que tantas personas en la misma Barranquilla vienen formulando.

Desde Cartagena y los municipios que se beneficiarán directamente con este macroproyecto, solo esperamos solidaridad y sensatez de los actores que hoy no quieren que este se haga realidad.

La única razón que debería impedir que se adjudique la obra es que la empresa que quedó en el proceso no colme los requisitos que los términos de referencia exigen.

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