Editorial


Racismo

“Su esposa, Catherine Dunga, le expresó a El Universal que la vestimenta no fue la razón por la cual no les permitieron ingresar en la medida que “... veníamos de un evento...”.

EL UNIVERSAL

10 de enero de 2022 12:00 AM

Rememorando sonados episodios de discriminación racial, por estos días la ciudad está otra vez en la palestra por cuenta de un incidente desvelado en redes sociales por amigos del empresario Luc Gerard Nyafe, quien afirmó que le fue negada la entrada en un prestigioso restaurante ubicado en un reconocido hotel en el Centro histórico.

De conformidad con la denuncia, el empresario belga de ascendencia congolesa concurrió con su familia a almorzar, pero uno de los empleados arguyó como excusa para impedir el ingreso o permanencia de los eventuales comensales, que no tenían reserva y no cumplían con el código de vestimenta del establecimiento, lo cual no se compadeció con el trato que se le dio a otros asistentes, en similares o equivalentes circunstancias que la pareja con palmarios rasgos afro, lo cual supuso, en opinión de éstos, un trato discriminatorio por razones raciales.

Como aún no conocemos algún pronunciamiento administrativo, policivo o judicial en torno de este caso, no procede un juzgamiento definitivo de la conducta del empleado y del restaurante de marras, pues es factible que, en efecto, el rechazo se haya debido al incumplimiento de normas generales del restaurante, como lo hemos visto en casos similares en otros establecimientos sin que la no aceptación de los potenciales clientes tenga algo que ver con la apariencia racial de estos. De hecho, el mismo afectado, Nyafe, reconoció que, más allá del incidente desagradable que vivió con su familia, habló con representantes del restaurante, entendiendo claramente que no fue una política de estos, pero que, en todo caso, ese incidente es el reflejo de lo que ocurre en muchos lugares del país.

Pero como su esposa, Catherine Dunga, le expresó a El Universal que la vestimenta no fue la razón por la cual no les permitieron ingresar en la medida que “... veníamos de un evento muy elegante en otro hotel. Mi esposo no tenía chanclas; tenía zapatos decentes para la ocasión, y bermuda...”, se puede afirmar que también hay motivos para inferir que debió haberse tratado de un nuevo caso de racismo; y esa ambivalencia de datos obligan a que en este espacio le demos tratamiento de un “presunto” caso, pues el principio de inocencia, que es absoluto hasta tanto se demuestre lo contrario ante autoridad competente, se impone.

Sin embargo, no ocurre de tal modo con la conveniencia de discutir sobre la gravedad del racismo como la pertinaz expresión de formas y sentidos sociales repelentes, que tendrían que haberse extirpado del relacionamiento social.

En tal sentido, aún estamos en mora de concretar una reflexión constructiva en torno a las prácticas discriminatorias que aún ocurren en la ciudad y el país, tal como lo ha propuesto Catherine Dunga. No debemos temerle a ese debate conociendo de sobra la historia violenta y de discriminación que nos precede.

En El Universal estamos abiertos a hacerlo.

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