Editorial


Rajados en educación

“De tiempo atrás el deterioro de la educación pública, confeccionada para los hijos de las familias humildes, va de la mano con la ruina de las edificaciones (...)”.

Los mandatarios de Cartagena y Bolívar tendrían que estar muy preocupados ante el informe del Centro de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico Orientado a la Gestión Académica (Ceinfes), que analizó los resultados de las pruebas Saber 11 efectuadas en 2020.

Los puntajes obtenidos en los últimos cinco años por los estudiantes en todo el país, reflejan un bajón generalizado, haciéndonos cada vez menos competitivos en el concierto internacional.

Pero, al colocar la lupa sobre los resultados, se observa que, mientras algunas regiones mejoraron o se mantuvieron, otras empeoraron, ubicándose, cada vez más lejos, del promedio nacional.

El puntaje perfecto es de 500 y el promedio nacional de 250, observando que los colegios privados están por encima de esa cifra mientras los públicos, en su gran mayoría, perdieron el año.

El departamento de Bolívar, incluyendo a Cartagena, con solo 225 puntos, sigue rezagado e, incluso, en los últimos cinco años bajó su puntaje, ubicándose a solo 20 puntos del Chocó, el último en la lista, y a 24 del promedio nacional.

Las pruebas Saber 11 (del Icfes), se tienen como herramienta para medir la calidad de la educación impartida en los colegios oficiales y privados; pero no solo evalúan a los estudiantes. En el fondo, también a los docentes, padres de familia y autoridades regionales y locales quienes, de manera indirecta, también somos calificados en nuestras respectivas obligaciones.

La cuantificación de los resultados académicos de nuestros alumnos señalan el incierto futuro que les espera al tiempo de su graduación. Lamentablemente, en Cartagena y en Bolívar son muchos los muchachos que no culminan bachillerato y un porcentaje menor ingresa a la educación superior. Muchos de los demás, condenados por una educación mediocre que sus padres no tuvieron la oportunidad de escoger, engrosan la informalidad laboral. Y no pocos serán presa fácil de la delincuencia y carne de cañón apetecida por los grupos delincuenciales.

Sin embargo, los resultados obtenidos en Cartagena y Bolívar no nos cogen por sorpresa. De tiempo atrás el deterioro de la educación pública, confeccionada para los hijos de las familias humildes, va de la mano con la ruina de las edificaciones, la dotación paupérrima y de una imperdonable negativa a sujetarse a la planeación estratégica por los directivos docentes y la clase política, que en cambio sí se impone en colegios privados.

Si nuestras autoridades están dispuestas a combatir la miseria y la desigualdad se hace indispensable un plan de choque para optimizar la dotación, dignificar las instalaciones y conformar un grupo élite capaz de convertir a los profesores en verdaderos maestros, dispuestos a reivindicar la vida de sus alumnos, con exigencia académica, afecto y carácter, para aportarle a la comunidad seres humanos íntegros, solidarios y laboriosos.

TEMAS