Editorial


Recuperar la seguridad

“Algunos de los hechos más impactantes incluyen imágenes de asaltantes que obran con pasmosa sangre fría, y con una desestimación absoluta por el dolor ajeno”.

EL UNIVERSAL

22 de septiembre de 2021 12:00 AM

En buena hora fue convocado el Consejo de Seguridad del Distrito puesto que, a pesar de que varios indicadores han bajado o se han mantenido, la sensación de inseguridad es creciente, no solo porque ahora buena parte de los hechos criminosos se graban y difunden con la inmediatez que ofrecen las cámaras de los cada vez más populosos smartphones, haciéndonos a todos partícipes de lo que antes eran referencias lejanas, sino también porque pareciera haber un descaro entre los delincuentes y una impresión de que no obran aisladamente, como si se tratara de bandas que fríamente calculan el delito a cometer, las víctimas apropiadas y el nivel de perjuicio a propinar.

Algunos de los hechos más impactantes incluyen imágenes de asaltantes que obran con pasmosa sangre fría, y con una desestimación absoluta por el dolor ajeno, como si agregarle daño innecesario al acto criminoso hiciera parte de la puesta en escena de la consumación del punible, como con el afán de dejar un mensaje de desolación para infundir temor hacia futuras víctimas, con el propósito de doblegar sus voluntades con malsana anticipación.

La crueldad con que se vienen cometiendo hurtos en Bogotá, por ejemplo, no parece obedecer a la casualidad; por el contrario, es como si se estuviera abriendo paso a una nueva etapa en el quehacer delincuencial, por el cual el asalto puede terminar fatalmente hasta para la víctima más pacífica y desprevenida. Tal nivel de crueldad por parte de quienes atacan con el fin de hurtar bicicletas o celulares, por lo que no sería necesario infligir daño a la integridad de las víctimas, muestran una de las facetas más terribles de la naturaleza humana, pero también síntomas de un profundo deterioro social, obviamente agravado por la pobreza como efecto de la pandemia.

Aun cuando en Cartagena esas prácticas ilícitas e inmisericordes no se han propagado, la clave es evitar que se vuelvan comunes y, por el contrario, irlas restringiendo a su menor expresión. Es importante hacerlo con presteza, pues cabe también la posibilidad de que, si obedeciera a una tenebrosa táctica de desestabilización de la tranquilidad ciudadana, para generar un clima de inviabilidad social –lo cual es propio de las empresas criminales–, el compromiso por la recuperación de sosiego personal y comunitario resulta aún más neurálgico.

Por lo pronto, los compromisos de las autoridades en el Consejo de Seguridad de ayer implican un incremento en las labores de inteligencia y más acciones preventivas para detectar y actuar con más inmediatez contra las redes criminales que operan en la ciudad.

Es de esperar que la planeación de los operativos de control preventivo para persuadir a los delincuentes, de abandonar sitios donde hoy parecen sentirse cómodos, y de capturarlos, incluya un afinamiento en las labores de inteligencia, y de mayor colaboración ciudadana.

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