Editorial


Repensar el sistema de bienestar

“No es claro si el país está evaluando con la suficiente seriedad y antelación, el modelo sanitario que debemos adoptar para que no colapse el sistema de bienestar...”.

EL UNIVERSAL

14 de enero de 2022 12:00 AM

Colombia no es el único país que se enfrenta al reto de garantizar el sostenimiento del sistema de seguridad social ante la caída sostenida de la natalidad y la prolongación de la vida, con su manifestación concreta en una más extendida longevidad.

Dicho de otra manera, si las familias o personas deciden aplazar en demasía la procreación de sus hijos, o no optan por hacerlo, o reducen su número a menos de dos; y si se prolonga la vida de los jubilados por más tiempo que el del cálculo actuarial con el que se proyectó el periodo de vida del pensionado y de los sustitutos o sucesores de su pensión, el sistema se quedará sin los suficientes jóvenes y adultos en etapa laboral como para sostener con sus afiliaciones los fondos de pensiones oficial y privados, fondos de cesantías, ARL, EPS y demás entidades de ese vasto sector.

Si a esto se suma que en pocos años los colombianos duraremos más tiempo ancianos que mozalbetes, y que serán más los integrantes de la tercera edad a los que atender en el sistema de salud pública, los costos de ese cuidado y tratamientos se encarecerán a niveles de deterioro que no puedan detener los avances de la biotecnología.

No es claro si el país está evaluando con la suficiente seriedad y antelación, el modelo sanitario que debemos adoptar para que no colapse el sistema de bienestar, y los montos que deben invertirse desde ya para que esos cambios acelerados no nos encuentren inadvertidos, lo cual sería imperdonable ante tantas advertencias que nos llegan desde tantos flancos, incluidas las reflexiones de los más importantes pensadores y guías de este tiempo.

Para solo mencionar dos, cabe citar a quien es percibido como el apóstol de la nueva era, Elon Musk, quien recientemente aseguró que nuestra especie va camino a inminente extinción si dejan de nacer seres humanos, lo cual conllevaría a la detención del tránsito de las generaciones. En igual sentido se refirió el papa a la evidente tendencia a reemplazar hijos por mascotas u otro tipo de compañías.

Es innegable que realidades como la sobrepoblación mundial y el deterioro del medio ambiente con su principal efecto en el calentamiento global, han coadyuvado a ese descenso en la tasa de reemplazo de personas, para que los sistemas de bienestar continúen operando sin el advertido riesgo de desfinanciación, pero todo va mostrando que nos abocamos hacia un camino que pudiera ser irreversible, salvo que asumamos la discusión con las cartas (las ideas) sobre la mesa, sin agendas ocultas o influencias ideológicas o subjetivas.

No puede ser que las mismas naciones que, como China, propugnaron por la limitación en la procreación a un solo hijo, o que difundieron con ahínco campañas de control de natalidad o el aborto como método anticonceptivo, singularmente en Europa estén pagando a las familias por tener hijos, mientras aquí preferimos aplazar esa discusión.

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