Editorial


Repensar La Mojana

“Hoy sabemos que al menos cinco mil de las cuarenta mil hectáreas de arroz que se sembraron al iniciar este 2021, se han perdido; el agua se llevó el trabajo (...)”

EL UNIVERSAL

13 de septiembre de 2021 12:00 AM

Desde las ciudades el campo se ve o se siente como algo lejano, que se dejó atrás, como si no se sospechara que de allá proviene casi todo lo que consumimos para sustentar la existencia. La seguridad alimentaria se fragua allí; por eso, cada metro que se pierde es una derrota aun cuando a la mente del citadino le cueste trabajo encontrar sentido a la siembra en tierras donde se repiten cíclicamente inundaciones inclementes.

La Mojana, esa feraz extensión de la Depresión Momposina circundada por los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge, con sus distintos afluentes, está, nuevamente, con el agua al cuello, y a pesar de que la tragedia se vive hace varias semanas, sólo en estos días alcanzamos a entender la magnitud de sus alcances.

Por ejemplo, hoy sabemos que al menos cinco mil de las cuarenta mil hectáreas de arroz que se sembraron al iniciar este 2021, se han perdido; el agua que no sabemos controlar se llevó el trabajo esforzado de decenas de campesinos que no alcanzaron a recolectar la cosecha, lo que supone unas 20 mil toneladas de las que ya no dispondremos para proveer de ese alimento básico a los hogares costeños.

A esto se suma el desconcierto por la anticipación de las consabidas inundaciones. Para este año todos los pronósticos indicaban que las lluvias torrenciales, que suelen romper los diques, comenzarían en la segunda quincena de septiembre, tiempo suficiente para recoger las cosechas. Pero la naturaleza decidió anticiparse un mes, sin contemplaciones, igual a como solemos comportarnos con ella en las urbes.

Desde esas comunidades y los gremios de la producción agropecuaria y ganadera se pide a gritos al Gobierno que declare para esta subregión, la situación de desastre nacional, tal como lo autoriza la Ley 1523 de 2012. No debería dilatarse la aprobación de este ruego.

Pero también es necesario que el Gobierno, en armonía con la academia, gremios y las comunidades afectadas, concierten las decisiones apropiadas no sólo para atender la emergencia y solventar la existencia de sus habitantes, también para que se le indique a la nación si será inevitable que La Mojana se inunde hágase lo que se haga por cuenta del cambio climático, pues esto debería determinar qué porciones de territorio se tendrían que declarar como inviables para la explotación campesina, de tal manera que se puedan reorientar los recursos estatales y privados para una relocalización de sus poblaciones en predios con vocación agrícola y pecuaria, que no representen riesgos mayores para estos, y dejar las tierras que no puedan ser libradas de las inundaciones cíclicas para otros destinos de explotación o de reserva, o lo que fuere posible y sustentable medioambientalmente, de tal manera que podamos prevenir o evitar el sufrimiento que se repite y repite como si no hubiera oportunidad de extraer en esa subregión las lecciones aprendidas.

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